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La realidad la cuenta Miguel Hernández y la canta Serrat: tened presente el hambre. Costa Rica, hoy, genera causas de temor: Una casta de lujo y un pueblo pobre aguantando la pesada carga del insensible y flaco destino que la política ha forjado alegremente.
El rumiante es insignia oportuna para hermanar a los sufridores. Caminatas por desérticos espacios con pesados contenidos, incansable, obediente, lento pero seguro. Una joroba de aproximados 75 cm que le permite almacenar 180 litros de agua hasta para diez días. Símbolo, el camello, del honrado trabajador pero cierta ventaja del cuadrúpedo sobre la masa laboral humana que no dispone de reserva líquida para relevar a los sudores.
Mortífero choque de trenes en Pavas/Sabana (08/04/16) a una velocidad de 36 km/h. Dos vagones empotrados, de frente, contra otros dos vehículos ferroviarios, de la parte adversa. La alegoría nace en el balance de sangre, contabilidad del desastre: 245 pasajeros repartidos en ambas direcciones y, de ellos, 106 con graduales daños, algunos graves. El pueblo raso se identifica en los damnificados.
¿Culpables? Error de coordinación, desde luego. Pero, al ritmo habitual de la teoría del “pobrecito”, ni siquiera se recibirán explicaciones cabales de por qué lo sucedido.
En política puedes correr y correr pero la realidad te alcanza. Corrió el Presidente Ejecutivo del Incofer a aclarar que, por el percance, no iba a renunciar como le pidieron algunos sectores. No tuvo responsabilidad directa en el accidente, es cierto. Pero hay, por medio, un significativo/moral detalle: la solidaridad con las víctimas. Quienes olvidaron su tarea técnica en el debido manejo del control de los trenes son subalternos del jerarca. Es decir, auxiliares en la conducción de Incofer.
Al obviar que la delegación de funciones no afecta a los que mandan, solo a los que ejecutan, o mal ejecutan, deja de implicar el valor del equipo en cualquier despropósito de una empresa. El capitán de la nave asume el timón y doquiera surja la turbulencia quien se enfrenta a la marejada es precisamente aquel que guía. El mandamás.
La vieja Europa ofrece lecciones renovadas. Para algunos, ejemplo de “chochería”. Entre otros muchos casos, aquel autobús derrapado en un puente que, ipso facto, concertó la renuncia del ministro portugués de obras públicas. Reciente, apenas en la esquina, tras el acto terrorista, Bruselas, se puso en duda la capacidad de la Policía belga para anticiparse a la masacre. Dos ministros, ligados a la seguridad, presentaron su dimisión.
El Presidente Ejecutivo del Incofer viaja con frecuencia para in situ comprobar el desarrollo y eficiencia de las redes ferroviarias de diferentes países. No tuvo tiempo todavía de aprender a manejar el respeto a las causas de los pobres asociadas a la obligación de viajar en tren porque el elevado precio de la gasolina arrincona las posibilidades hogareñas. Y la posición de casta, salarios/dietas/privilegios/pensiones, para los burócratas de las instituciones, ciega más que recapacita sobre el deber del compañerismo.
Pensando en el lujoso hoy y el goloso alto promedio que supone la jubilación de mañana, resulta difícil hallar el sano coraje de actuar con el corazón de camaradería/pueblo y fidelidad a los principios de fraternidad ante la desgracia del prójimo/convecino.
Censura, igualmente, para el pecado de ansiedad cometido por el exjefe de Incofer, don Miguel Carabaguías, inoportuno al criticar a sus relevos en el manejo del ente ferroviario no más la prensa le puso un micrófono ante sus labios. Hay momentos en que el silencio es señaladamente primordial porque lo trascendente tiene un solo objetivo: curar a los heridos, pacientes de la rueda del infortunio.
Sorprende que ante palmarios desajustes en la sociedad costarricense la gente de Zapote esquiva el bulto y lejos de enfrentar los abusos bochornosos contra el depauperado erario público, los vindica. Que un gerente bancario se autoproclama merecedor de un sueldo despampanante: 14 millones al mes, más aguinaldo, mientras el Poder Ejecutivo, que lo nombró, mira para otro lado, disimula. Que siga la fiesta ¿Quién manda aquí?
Aresep (alguna vez tenía que ser) rechaza a Recope el traslado de las millonarias convenciones colectivas y cuchipandas, al costo de los combustibles que asumen los consumidores, pero la gobernanza oficial admite que el tema se mantenga en la libérrima proyección que la burocracia estatal diseña a su favor.
La Contraloría, activa y denunciante como nunca antes, demuestra que IMAS está más preocupado del superávit institucional que de cumplir la misión para que fue creada: atender a los pobres. Arroja un 57 % de saldo favorable en el último año sobre el anterior… No hay sensibilidad social ni siquiera cordura emotiva. Tened presente el hambre, insistimos al poeta…
La enfermiza gestión de enriquecerse, en sus posiciones, a cuenta de los demás, tiene un paciente permanente, el pueblo, conjunto de personas residentes, nativos, del territorio que nos acoge con iguales derechos y posibilidades. Y he aquí lo tremendo: unos menos iguales que otros por arte de magia de la política. Y los sindicatos.
Dato, verso suelto: en los últimos doce meses, la producción nacional creció un 5,46 %. Es decir, que camello/pueblo hace su trabajo mientras que la casta burocrática pelea mayores cuotas de la tarta presupuestaria.
El brutal choque de trenes ha venido a simbolizarnos, sin ficciones, con pasiones, que no existen, en nuestro presente, otros valores que no sean los de defender, primero que nada, los beneficios que rodean la torre de marfil de las posiciones de rango… Ande mi cuerpo caliente y ríase la gente.
Entre las 300 instituciones que Cuesta de Moras ha creado para Costa Rica, con dietas, directores y consejerías, se encuentra la Defensoría de los Habitantes cuya tarea, acaso única, es proteger a los pobladores de la parroquia ¿Qué cometido real cumple la Defensoría a pesar de disponer, anualmente, de un presupuesto de aproximados 5 mil quinientos millones de colones?
El universal defensor del pueblo, aquí Defensoría de los Habitantes, tanto monta, monta tanto, es un cargo instituido para defender al ciudadano de los errores o disparates de la administración pública. En sabio romance, lo que el ente está obligado a desarrollar, contra viento y marea, es vigilar los excesos contra el pueblo.
¿Dónde está, qué mueve, qué acción despliega, cómo justifica su labor la Defensoría de los Habitantes, además de ser puntuales a fin de mes para recibir un jugoso salario? Razón directa: El pueblo vota y la burocracia bota… cual desperdicio. (Tal como relata la Estampa de OjO).