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La semana pasada, se inauguró el Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado (Cacco), para 5.000 presos de alta peligrosidad por homicidios y delitos relacionados con el crimen organizado y el narcotráfico, con un costo de cerca de veinte mil millones de colones (unos US$34 o $35 millones)
En la Costa Rica de antes, bastante mejor que la actual, esa importante suma de dinero se habría dedicado a construir y reparar escuelas y colegios y a mejorar sustancialmente el Sistema Educativo Nacional, como columna vertebral de nuestro sistema de vida en libertad y democracia.
Esa habría sido la decisión correcta. Pero esa Costa Rica de antes se fue desquebrajando en el tiempo y no es más la Costa Rica presente, críticamente penetrada por la narcoactividad y el crimen organizado.
Enfrentamos otra realidad y las causas son muchas e interrelacionadas. No solo nacionales. El crimen organizado y la narcoactividad, responden a un poderoso delito transnacional y son el tema crítico prioritario de la agenda nacional presente. Ese es un punto fundamental.
También y a gran velocidad, el mundo y la realidad fueron cambiando por la constante e imparable revolución tecnológica y científica del presente y esa variable fundamental, que cuesta asimilar y que algunos no quieren ver e introducir en el análisis político, transformó la geopolítica y las relaciones de Costa Rica con su entorno internacional y las prioridades de la “agenda país”, particularmente en seguridad nacional y ciudadana. Otra enorme verdad.
Como Ex Ministro de Seguridad Pública apoyo el esfuerzo presupuestario realizado desde la anterior Administración y concluido en la presente, para construir el Cacco y responder así al hacinamiento carcelario en que se encontraba el Sistema Penitenciario Nacional, reduciéndolo en más del 50% y dotando a Costa Rica de unas instalaciones carcelarias adecuadas para delincuentes juzgados y sentenciados por delitos de alta peligrosidad y para capos del crimen organizado y sicarios de la narcoactividad, en sus distintas manifestaciones delictivas, incluyendo la venta y el tráfico de drogas, el lavado de dinero y la complicidad activa y criminal de redes de cuido y protección.
Valoro que, la visita de la presidenta Laura Fernández a El Salvador, fue parte de este esfuerzo. En ese hermano país, la militarización y la situación política, económica y social, produjeron una durísima y cruel guerra civil, el violento fenómeno criminal de las maras y las soluciones conocidas y publicitadas.
En Costa Rica, la gravísima crisis de inseguridad y violencia criminal, responden a otro contexto histórico y a otra realidad nacional.
De ahí que nuestro Sistema Penitenciario y el Cacco, como parte de una necesaria y aún pendiente estrategia integral preventiva y represiva del Estado Costarricense, deberá ajustarse a los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos y a las mejores prácticas penitenciarias. Ese es el otro punto fundamental.
¿Y usted qué opina?