El amor, un “amén”

Prefiero la naturaleza y en ella siento naturalmente como un amor que fluye en mí en todas las direcciones, hacia el Creador y sus creaturas, dentro de una afirmación universal de cuanto existe. Es lo que Novalis expresa cuando escribe que “el amor es el amén del universo”. Es cierto: el amor llena el universo […]

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Prefiero la naturaleza y en ella siento naturalmente como un amor que fluye en mí en todas las direcciones, hacia el Creador y sus creaturas, dentro de una afirmación universal de cuanto existe. Es lo que Novalis expresa cuando escribe que “el amor es el amén del universo”. Es cierto: el amor llena el universo y llega a nosotros en el contacto con la naturaleza. A mí personalmente me encanta pasearme en un espacio verde, y mejor si hay sol, majando el zacate entre plantas y árboles que busco, si puedo, rozar porque siento en ello un algo muy especial. Y comprendo aquello de que el universo dice “sí” a los seres humanos, amándolos.

No es mera poesía lo que escribe Anselm Grün: “Quien se abandona en brazos de la madre tierra, tendiéndose sobre un prado lleno de flores en primavera, experimenta palpablemente este amén del universo. Se siente atravesado y rodeado por el amor. El sol lo llena de amor, el viento acaricia con amor sus mejillas. Y todos los sonidos de la naturaleza le permiten escuchar la voz del amor”.

De ese amor participa el ser humano de modo especialísimo y para darlo a los demás sin medida. Jesús nos invita a ser generosos, a imitación de la misma naturaleza: “Dad, y se os dará. Os verterán una buena medida, apretada, rellena, rebosante. Porque con la medida con que midáis seréis medidos” (Lucas 6,38). San Bernardo solía repetir, y con él después otros santos, que “la medida del amor es amar sin medida”. Obviamente, que muchísimo más que lo creado y el ejemplo de los santos, el mismo Creador y Padre nos ha de mover a ese amor sin medida, siendo él el Amor (Primera Juan 8,4) y fuente de todo amor, tal como ha quedado revelado en su propio Hijo desde el momento mismo de la Encarnación hasta la muerte en cruz.

En la práctica, un aspecto muy importante del amor es la compasión, que es asumir el mal ajeno y compartirlo. Rabbi Moisés Löb observa que “el amor a los seres humanos consiste en palpar sus necesidades y soportar sus sufrimientos”. Por su parte Tagore afirma: “Quien quiere hacer el bien llama a la puerta; quien ama encuentra la puerta abierta”. Es decir, que el amor auténtico tiene la capacidad de conocer al otro íntimamente, de saber lo que necesita, y ayudar a superar la situación. El dicho del pueblo: “Obras son amores y no buenas razones”. La doctrina de Jesús en el Evangelio y las cartas de los apóstoles, especialmente San Juan.