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Gloria Bejarano Almada
Ex primera dama de la República
Recientemente un joven turista expreso en redes su sorpresa al visitar nuestro país y saber que podía consumir agua de cualquier tubo de agua, algo que a los costarricenses nos parece lo más normal. Pero resulta que no es normal ni usual, millones de habitantes alrededor del planeta no tienen acceso a agua y menos aún, a agua potable, lo que nos dice que algo hemos hecho bien en Costa Rica.
El acceso a agua fue una decisión política asumida desde tiempos de don Cleto González Víquez y don Ricardo Jiménez; cuya visión y compromiso por dotar de agua al pueblo sentaron las bases para expandir el sistema de acueductos y cañerías.
Durante la Administración Calderón Guardia, congruente con su accionar en favor de la salud pública, promulga en 1942, la Ley de Aguas, que disponía en el artículo 41 que todos los acueductos del país eran patrimonio del Estado y que las nuevas obras de este tipo las operaría el Ministerio de Salud Pública; con esto abría el camino para atender la problemática el agua, su acceso por parte de la población y la nacionalización de todos los acueductos.
Pocos años después, se promulga la Ley General de Agua Potable que imponía regulaciones a los organismos administradores con el fin de garantizar la potabilidad del agua en resguardo de la salud pública,
En 1958, se logra concretar el esfuerzo y el interés por dotar de agua potable a todos los ciudadanos y así, mediante la Ley 2726, se creó el Servicio Nacional de Acueductos y Alcantarillados, durante la Administración de don Mario Echandi, quien calificó esta como “la medida de mayor trascendencia nacional” en favor de la salud pública.
Desde entonces el AYA se ha encargado de proveer a los habitantes de Costa Rica de un servicio de agua potable, recolección y evacuación de aguas negras y pluviales, un servicio que sorprende a quienes vienen de otras tierras donde tomar agua del tubo puede ser causa de hospitalización.
Cuando se goza de un beneficio o un privilegio por muchos años tendemos a subestimar la importancia de “poder tomar agua del tubo”. Hoy más de dos mil millones de seres humanos no tienen acceso al agua potable, la crisis del agua es mundial y nos debe llamar a la reflexión y a la acción.
La escasez del agua en otras latitudes ya afecta la producción de alimentos, se teme una hambruna y la migración masiva de los afectados. El cambio climático, para el cual no estamos preparados, nos enfrenta lo mismo a sequias que a descargas de agua inesperadas que arrasan con todos a su paso como ocurrió recientemente en Texas.
Los analistas prevén que las guerras en un futuro serán por el agua; el desabasto mundial, resultado de la falta de previsión para su protección, así como el crecimiento de la población, el consumo per cápita y la contaminación llevarán, inevitablemente, al conflicto.
En el pasado Costa Rica dio muestras de cómo un país pequeño, sin mayores recursos y en vías de desarrollo pudo proveer a su población de agua potable y un eficiente manejo de las aguas. Hoy es tiempo de repensar el uso, el cuido y la infraestructura. Es tiempo de educar a la población, especialmente a nuestros niños en las escuelas, sobre la necesidad de valorar este recurso que es sinónimo de vida. El servicio lo damos por un hecho y el agua no es valorada, porque está ahí y literalmente nos cae del cielo. Pero ¿será así siempre?
Podemos volver a ser ejemplo en el mundo y mostrar que, a pesar de la abundancia de la cual gozamos y la calidad del servicio que disfrutamos, los ciudadanos somos conscientes de la amenaza que sufre este recurso y evitamos el despilfarro, regulamos el consumo, aprovechamos el agua de lluvia y apoyamos la modernización de la infraestructura para evitar desastres y despilfarro.