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En las últimas décadas el país ha sido testigo del desarrollo tecnológico, de la modernización en los medios de comunicación y la apertura de los mercados internacionales a la importación de productos perecederos, lo que ha desembocado en un abastecimiento a través de todo el año de productos agrícolas, independiente de los picos de producción en nuestro país.
Como ejemplo, años atrás el consumo de uvas y manzanas se concentraba preferiblemente en la época navideña, casi eran productos ligados a la época. Hoy esas frutas se consiguen en cualquier época del año y sin variaciones sustanciales en el precio.
En relación con el aguacate, tradicionalmente la cosecha y comercio de esta fruta era muy dependiente de las principales zonas productoras: Orotina, Esparza y Zona Sur del país, en condiciones agroecológicas muy particulares. La introducción de nuevas variedades comerciales, adaptadas a otros climas y altitudes (zona de Los Santos), aunado a la importación autorizada en atención a los tratados comerciales firmados, han hecho que el país tenga un abastecimiento de esta fruta durante todo el año.
En términos agroecológicos es importante mencionar que Costa Rica, como país localizado en la franja tropical, está expuesto a altos niveles y variabilidad en los regímenes de precipitación, temperatura y humedad relativa, condición que favorece la riqueza microbiológica de nuestro ambiente e incide directamente en la proliferación de microorganismos patógenos (virus, bacterias, hongos), así como sus vectores.
Estas condiciones favorecen la reproducción, multiplicación, diseminación e infección de organismos fitopatógenos nativos, pero lo es también para patógenos exóticos que pueden o no ser relevantes en su país de origen. Por lo tanto, es estratégico el resguardo de nuestras fronteras a la posible introducción de patógenos de países vecinos y no tan vecinos, que puedan incidir en la salud de nuestra actividad agropecuaria.
Por las condiciones descritas es que se debe conocer y comprender la posición de las entidades gubernamentales, encargadas de resguardar la salud de nuestro patrimonio agropecuario y no tomar posiciones centradas exclusivamente en aspectos económicos y de mercado.
Cuando se trata del resguardo de la salud humana no se tiene posiciones antagónicas; recordemos el anuncio mundial de la epidemia del virus del Ébola y las medidas drásticas que se aplicaron de manera inmediata para frenar la diseminación de la epidemia.
Pero parece que cuando se trata de animales o plantas, las medidas no son analizadas desde la perspectiva técnico-científica sino que prima una posición netamente económica en la que, casi siempre, la estabilidad de la clase trabajadora es uno de los puntos más sensibles que se trae a colación por parte de las empresas exportadoras e importadoras.
Curiosamente, las exportaciones de algunos de nuestros productos (piña y melón, por ejemplo) se ven reguladas por la aplicación de medidas de carácter fitosanitario, que en este caso ejerce Estados Unidos (DIARIO EXTRA, miércoles 17 de junio). Esto se llama aplicar la reglamentación vigente y atinente en aras del resguardo del patrimonio agropecuario, sustentado en criterios científicos y no de salvaguarda.
Como ciudadanos debemos analizar esta situación no con posiciones extremas sino pensando qué es lo más importante para nuestro país. Y si tenemos que esperar la cosecha estacional del aguacate de nuestras zonas productoras, hagámoslo, ya que esto no significa un gran sacrificio en comparación con la defensa de la salud agrícola y pecuaria de Costa Rica.
Adaptemos nuestras necesidades al entorno y no el entorno a nuestras necesidades.
*Especialista en edafología