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Todo nuevo y todo viejo. Esa impresión tan agradable que nos invade cada 31 de diciembre en que la vida como que nos da otro chance, otras alas, marchamo nuevo, como quien dice.
Nos sentimos livianos, como si hubiéramos descargado todo para seguir caminando. Muy dentro de nosotros sabemos que no es más que un truco.
Sabemos que tan pronto nos llegue el correo de la tarjeta tendremos que recoger la carga y hacer aquel esfuerzo, pero unos días de ilusión no han matado a nadie.
Ha habido encuentros en estos días que nos dieron energía y seguridad y paz.
La risa de los niños de la familia, el brindis con los amigos, los tamales con la receta de la tía que lo sabía todo, el mantel navideño, el rompope, las decoraciones improvisadas o muy exquisitas y el abrazo de quienes amamos. Eso es más que suficiente para seguir intentándolo, ¿no creen?
Dijimos adiós a un año duro para todos. Caramba que lo fue. No nos dejaba en paz.
Nos exigió estar muy atentos en todo. Sabemos que eso no ha cambiado. Hacernos los locos un par de semanas no interrumpirá los cálculos de Hacienda, pero tenemos esa impresión y pensamos que arrimarnos a una palmera es más que merecido.
Yo comencé el año con revisión médica porque a mi edad no quiero muchas sorpresas. Yo sé que ustedes son jóvenes y bellos, por lo que tal vez se salten ese requisito para comenzar el año.
Yo no quise correr el riesgo. La doctora vio lo que queda de Jaime y dijo “no está mal, señor”. ¡Vaya regalo! Ahora sí que pienso que me he ganado ese churchill.
Mi impresión es que nos han traído un bebé a la casa. Pequeñito, frágil, apenas si extiende sus dedos y estira sus piernitas. Es nuestra responsabilidad ahora que se convierta en un ser humano feliz.
Cada bebé es un nuevo intento de la humanidad por crear un ser humano perfecto, dice Thornton Wilder. Pues creo que es lo mismo cuando se nos hace el regalo de un nuevo año. Nos toca a todos en la casa hacer de él un buen año. Nada nos cuesta intentarlo con seriedad. Es la mejor oportunidad que tenemos.
“Yo tuve un amor y me traicionó… yo, que siempre creí que solo había un amor, hoy, contigo aprendí que hay un segundo amor.” Si escucháramos más a Chavela Vargas seríamos más inteligentes, créanme.
Pásenla bien, y pan y paz para todos. ¡Feliz año 19!