Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Sin duda alguna, entre los pilares fundamentales de nuestro sistema educativo se encuentran los programas destinados a la enseñanza de la población adulta.
Nos referimos a quienes, por una u otra razón, tuvieron que abandonar la escuela y el colegio a temprana edad y posteriormente muestran interés por concluir sus estudios.
Y es que muchas de estas personas deben retirarse para trabajar o para dedicarse al cuido de sus hermanos menores o algún familiar enfermo, por lo que se trata de un segmento poblacional que debería contar con todo el apoyo del sistema para superarse y conseguir no solo mayores ingresos, sino una mejor calidad de vida.
Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) nos dicen que casi la mitad de los ticos con edades entre los 24 y los 34 años no logran completar la secundaria.
Todo esto al final se traduce en un aumento de la desigualdad y una especie de efecto dominó sobre estos hogares en los que, como si se tratara de una tradición familiar, ninguno logra acceder a la universidad.
Es por eso que debería alarmarnos el último informe elaborado por la Contraloría General de la República en el que se concluye que la cobertura del servicio para este tipo de educación disminuyó.
Se pasó de atender el 7,6%, lo que corresponde a 100.600 personas de la población sin instrucción o que no han finalizado la educación primaria o secundaria en 2019, al 7,1%, es decir 91.327 personas en 2022.
Como bien lo señala el órgano contralor, esta situación restringe la mejora de las condiciones laborales y familiares de estas personas y refleja que este servicio no contribuye con el cumplimiento de la citada meta establecida al 2030.
Los esfuerzos deberían estar orientados a aumentar las personas jóvenes y adultas que tienen las competencias técnicas y profesionales para acceder al empleo, el trabajo decente y el emprendimiento.
Al día de hoy hay menos personas estudiantes matriculadas en niveles educativos que permiten completar o iniciar estudios de educación general básica y bachillerato en educación media.
Resulta preocupante que se nos diga que no es posible determinar los resultados académicos que se obtienen a partir de los recursos invertidos en estos programas.
Nos referimos a Escuelas Nocturnas, Colegios Académicos Nocturnos, Centros Integrados de Educación de Adultos (Cindea), Institutos Profesionales de Educación Comunitaria (IPEC), el Colegio Nacional de Educación a Distancia (Coned) y Educación Abierta.
El mayor problema se estaría produciendo en la cantidad de personas que asisten para concluir el tercer ciclo ya que se registra una disminución del 22,3%. Esto refleja que hay un impulso para iniciar, pero una desmotivación para terminar.
Esperamos que el Ministerio de Educación Pública (MEP) logre dar vuelta a estas cifras, para que sean más los adultos que logren concluir sus estudios y romper con ese ciclo que solo genera más pobreza y estancamiento, así como deterioro social.