¿Don Román Macaya en qué está usted?

La auditoría de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) es reveladora, el desorden con las vacunas Covid-19 no se hizo esperar y desde el día uno comenzó una cadena de irregularidades que no pueden pasarse por alto, que urge corregir y sancionar con mano dura.Da vergüenza ver cómo en esa entidad, donde se dieron […]

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La auditoría de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) es reveladora, el desorden con las vacunas Covid-19 no se hizo esperar y desde el día uno comenzó una cadena de irregularidades que no pueden pasarse por alto, que urge corregir y sancionar con mano dura.
Da vergüenza ver cómo en esa entidad, donde se dieron con una piedra por el pecho para lucirse en la atención del mortal padecimiento, funcionarios inescrupulosos literalmente se han robado las dosis y mantienen un desorden conveniente en el manejo del costoso medicamento.
Hay quienes mintieron para ser vacunados y hasta usaron sus influencias para que se aplicaran dosis a hijos y otros familiares, pasando por alto el esquema establecido por la propia institución.
La Caja creyó que manejar el tema de la compra de vacunas en el mercado internacional y traerlas era suficiente para seguir apareciendo en las fotos del éxito y el reconocimiento.
Olvidó planificar milimétricamente desde el cuido hasta la aplicación y con ello prevenir sobre las responsabilidades de los trabajadores de omitir el protocolo, violentar el esquema de vacunación y mentir para beneficiarse.
La mayoría de los ciudadanos esperamos ser vacunados y entendemos que haya temor a contagiarse, más si se labora en centros médicos, pero nada justifica aprovecharse de la posición laboral, hurtar dosis y violar las reglas. Quienes hicieron eso deberían irse, así de duro sería el castigo, pues dejaron manos arriba a muchas personas que urgía inmunizar.
Aquí la benemérita tiene una cuota de responsabilidad inmensa, pues de acuerdo con lo que revela el auditor en su reciente informe, ni siquiera hay personal asignado para custodiar las cajas y los congeladores con los medicamentos.
Eso es grave, pues los expertos alertaron que también existe un alto riesgo de contrabando y venta ilícita, el cual se incrementa con este descuido.
Costa Rica paga miles de millones de colones por esas dosis, sumado a los costos de congeladores y demás insumos médicos para aplicarlas, entonces no podemos entender cómo no se lleva un registro de almacenaje, recepción y consumo de las vacunas; es decir, está por la libre.
No hay claridad del despacho a los centros médicos de todo el territorio nacional, fechas de aplicaciones ni refuerzos. La negligencia campea a sus anchas.
Todo esto se suma a la serie de denuncias que la CCSS tiene en su haber, entre ellas la compra de mascarillas en mal estado, la aparente manipulación del cartel de adquisiciones por parte de empleados de confianza y la adjudicación a empresas sin experiencia, que sobreestimaron costos y presentaron documentos falsos para dejarse los recursos.
Ahora resulta que en uno de estos casos que urge resolver, donde se puso en juego dinero público por montones, se pisotea la vida de los asegurados y empleados de la salud e involucra a un trabajador de confianza, los abogados esperarán que pase la pandemia para investigar, pues existe riesgo de contagios si convocan a una audiencia.
A todas luces eso es una ridiculez. Ya los niños entraron a clases, corren por los pasillos, juegan y comparten con estrictas medidas sanitarias, y un flamante abogado institucional se niega a darle curso a un trámite de gran importancia.
Eso, más que una justificación razonable en el mundo de la virtualidad y la nueva normalidad, suena a una mampara, a una jugarreta de esas que acostumbran para salvarles el pellejo a los involucrados.
Por estar dándoles largas a todos los asuntos estamos como un quebrado. Nadie quiere sentar responsabilidades sobre los despilfarros y la corrupción, pues estas irregularidades no tienen otro nombre.
Si a los jefes y gerentes de semejante institución se les pasea el alma por el cuerpo, quieren guardar en sus escritorios los expedientes de las denuncias y hacen la vista gorda, entonces que el presidente ejecutivo Román Macaya salga a dar la cara.
Es Macaya el superior jerárquico de esos señores que se muestran bien ineficientes o que el sistema protege. Ya eso no es novedad, la impunidad impera en la Caja.
¿Don Román en qué está usted? No lo vemos salir a explicarles a los asegurados tanto desorden.
Por casos como estos en otros países hasta ministros y directores de centros médicos están en la cárcel por cobrar demás por material médico, vender vacunas de lotes comprados por sus gobiernos, adquirir respiradores de pésima calidad y dejarse dineros que estaban bajo su custodia. Solo en Costa Rica vemos crecer el chorizo y nos quedamos callados.
Ya sabemos que un alto funcionario como Macaya poco puede hacer para poner orden en la Caja, pues los mandos medios maniatan todos los procedimientos, entonces si no puede manejar el asunto y tomar el toro por los cuernos, en nombre de la trasparencia y la probidad, mejor renuncie.
Usted puede ser un funcionario honesto, pero sus subalternos están haciendo lo que les da la gana, así de simple.
Los ciudadanos pedimos respuestas serias y contundentes. El esquema de vacunación debe respetarse y cuanto antes solucionar el problema de la falta de custodia.