Dolor en espalda baja

La prevalencia constituye una medida adecuada sobre la extensión de un problema. Mide el número de personas que padecen dicho problema en un momento determinado.  

Lic. Juan de Dios Blanco Fonseca

La prevalencia constituye una medida adecuada sobre la extensión de un problema. Mide el número de personas que padecen dicho problema en un momento determinado.

Si se compara con enfermedades como el cáncer, el sida y los trastornos cardiovasculares, el interés y la preocupación médica sobre la región lumbosacra (o espalda baja) ha crecido debido a su prevalencia y consecuencias en cuanto al costo social, costo laboral e influencia sobre la calidad de vida.

Generalmente, es el dolor lo que impulsa al paciente a acudir a la consulta por lo que el dolor debe identificarse y localizarse, incluso aunque en un principio se desconoce la causa exacta del dolor. Cada paciente percibe el dolor de forma diferente. El dolor es siempre una experiencia personal, nadie puede sentir el dolor que percibe otra persona, pero es una gran guía para diagnosticar la causa y hacer los exámenes necesarios.

El objetivo de la exploración es determinar en cuál estructura de la columna se localizan los síntomas del paciente; tales como un disco intervertebral, carillas articulares, músculos o ligamentos de dicha región.

La región lumbar en posición erguida soporta estructuralmente las fuerzas de compresión axiales que ejerce; por un lado, el tórax, la cabeza y la región cervical, las extremidades superiores y, en último caso, le agregamos por puro descuido peso extra al engordarnos o al alzar pesos inadecuados de forma incorrecta lo que aumenta las probabilidades de una lesión seria.

La mayor prevalencia de dolor de espalda baja aumenta con la edad entre los 45 y 64 años, por inactividad física, si no hacemos ejercicio tenemos una espalda con poca flexibilidad y poca resistencia muscular; factores ocupacionales como trabajos pesados o estáticos, malas posturas, estrés laboral y obesidad. 

Para evitar padecer prematuramente esta enfermedad debemos de cuidar nuestra alimentación para no tener sobrepeso ni obesidad, hacer ejercicios con cuidado de no lesionar nuestra espalda, acudir al médico o al fisioterapeuta en caso de dolor para hacer el diagnóstico y el tratamiento adecuados, para que no se convierta en una enfermedad crónica incapacitante que le vaya a perjudicar en su trabajo o le quite calidad de vida útil.

Actualmente, existen muchas terapias para tratar este tipo de lesiones, sin embargo, la medicina alternativa, como la electroacupuntura, ventosas, magnetoterapia, terapia neural y fisioterapia, nos van a ayudar a mejorar estas dolencias, para evitar estar tomando analgésicos y desinflamantes por tiempo prolongado, evitando los efectos secundarios de estos medicamentos.