Docentes un ejemplo de vida

“El maestro mediocre dice. El buen maestro explica. El profesor superior demuestra. El gran maestro inspira” William Arthur Ward  

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En Costa Rica hay más de 75 mil docentes, hombres y mujeres que se dedican a educar a nuestros niños, niñas y jóvenes en cada rincón del país, muchos sin importar condiciones insalubres, extremas y peligrosas. 

En la mayoría de los hogares ticos hay un maestro o una profesora que con gran orgullo ejerce la profesión a pesar de ser desgastante, exigente y hasta mal pagada en algunos casos. 

Los docentes son personas de respeto, en las comunidades son el referente y el ejemplo a seguir, hay que ver la categoría de profesionales que ha cosechado este país como Carmen Lyra, Mauro Fernández, Fernando Centeno Güell y Joaquín García Monge, así como otros que han dejado su legado. 

Conocer a personas como Ana Cecilia Vásquez Carvajal siempre es un gusto. Este año ella recibió el Premio Mauro Fernández, la máxima distinción que se otorga en Costa Rica a un educador. 

Este premio consigna una medalla al mérito docente, así como un reconocimiento económico, además de un año sabático para que pueda concretar algún proyecto social.  

Estamos seguros que esta insigne educadora ya tiene pensado más de un plan para ayudar a las personas de su comunidad, pero posiblemente calará más allá, pues se trata de una mujer visionaria que enseña en la zona indígena Bribri en el Caribe Sur. 

Para doña Ana las diferencias culturales no han sido barrera para educar, más bien son un motivo más para ejercer su profesión. Lejos de su familia y de su hogar emprendió un proyecto de vida junto a las poblaciones indígenas lo que le llevó a ser reconocida entre miles de docentes. 

En la actualidad es difícil encontrar personas que amen lo que hacen, que se entreguen sin medida para ayudar a los demás, pero sobre todo, que su trabajo no sea solo por recibir un salario sino que responda a una vocación.

Enseñar no es sencillo, ordenar los salones de clases es una labor titánica y encomiable, pero hay que ser sinceros cada vez son menos los profesionales de la educación que se toman en serio sus labores. 

Y no lo decimos por irrespetuosos, es que son frecuentes las denuncias contra docentes agresores, abusadores, ausentes y vagabundos. Son los menos pero esas excepciones también calan en el estudiantado. 

A todos nos ha correspondido en algún momento acudir a instituciones o empresas para realizar gestiones, en las cuales nos hemos topado con empleados que apenas se limitan a cumplir con sus obligaciones, con un trato poco gentil que pone en evidencia esa falta de amor por lo que hacen, bueno eso pasa en las aulas también, aunque no debe ser así. 

El ejemplo es doña Ana, que logra cada día de su trabajo llevar una sonrisa amable y un saludo cordial. 

Los maestros dejan huella en sus estudiantes, su forma de actuar se constituye en patrón a seguir, un consejo oportuno los puede apartar del mal camino. 

El empuje de esta educadora constituye un orgullo para el gremio y ojalá fuera replicado por muchos miles de docentes, este país caminaría distinto. Esperamos que los padres de familia comprendan lo importante que es fomentar el respeto a estas figuras, y que no se promueva desde el hogar el irrespeto y hasta el odio. 

Debemos como sociedad y país devolver el valor a estos profesionales, impulsarlos a nivel comunal, unir esfuerzos con ellos por el bien de nuestras nuevas generaciones. 

Y bien lo dijo Martin Luther King, Jr. “La función de la educación es enseñar a uno a pensar intensamente y a pensar críticamente. Inteligencia más carácter esa es la meta de la verdadera educación”.

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