Disposición la palabra clave

Mundo Sexual

El 54% de los reclamos de los oficiales son por montos menores a ¢60 mil.


Dr. Mauro Fernández • Sexólogo

Cuando las parejas se conocen no están listas para una vida en común. Ni él ni ella, ninguno de los dos se va a acoplar desde el primer momento a compartir armónicamente el cada día. 

Lo que diferencia a las parejas que hacen de su vida compartida un verdadero sueño de hadas, es que ambos están dispuestos a cambiar todo aquello que entorpece el diario vivir, mientras que las parejas que tienen una vivencia infernal no ceden terreno, se atrincheran en sus defectos y limitaciones, y mutuamente esperan que sea el otro quien se adapte a esas conductas caóticas. 

Hoy sabemos que al menos son tres las condiciones que requiere una pareja para poder llevar la tan anhelada felicidad conyugal. Desde luego, en primer término, que se quieran, el afecto, es la base de la relación, si no hay amor, pero amor del bueno, el vínculo no tolerará las adversidades que depara el tiempo, y convertirá a los dos en un par de infelices, que verán como se desmoronan sus sueños y aflora la separación.

El segundo aspecto es la confianza. La vida en pareja no puede albergar dudas ni inseguridades, eso corroe el vínculo y lo convierte en un martirio cotidiano. Cuando decimos confianza no solo hablamos de la fidelidad, como se suele creer, sino también de la confianza económica, vivencial y fraterna. Mi pareja no puede andar contando por ahí nuestra intimidad, nuestros problemas, ni nuestras limitaciones, ambos tienen que estar seguros de que los dos están comprometidos y no andan curándose en salud con terceros o hablando mal del otro para responsabilizarlo ante una futura separación.

El tercer aspecto sin duda es “saber vivir”. Cuando ambos saben lidiar con las diferencias de buena forma, sin gritos, caras largas ni chantajes, cuando son comedidos con los gastos, abnegados con el trabajo, se distancian de los vicios y saben expresar el afecto y el cariño es casi cierto que tienen un futuro promisorio. Recordémoslo con amor no basta “es preciso saber vivir”.

Y si no se vivir bien, pero estoy dispuesto a aprender sin duda se cosecharán lo que hoy se ha vuelto algo preciado e inalcanzable para muchos, una relación de pareja gratificante, que perdura hasta que la muerte nos separe.