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Me encontraba en medio de una muchedumbre cuando empezó a suceder, otra vez: escuchaba la voz lejana de mis amigos, como desde otra habitación; por momentos, incluso, no lograda comprender lo que decían. Sabía que estaban ahí, frente a mí, pero los sentía como no presentes. Sus caras eran las de siempre, pero daba la impresión de que no eran ellos. Tenía, además, la sensación de estar fuera de mi cuerpo, como si viera desde atrás todo lo que sucedía en ese momento, como si estuviera observando una película. Eso me hacía sentir que no tenía control de mis pensamientos, de mis palabras o de mis acciones.
Ya me había pasado varias veces desde que empecé este proceso de tanto desgaste en el trabajo. Las dificultades con mi jefe no paran, el ambiente laboral es tenso, y esto ha hecho que deje de hacer deporte y que mi sueño sea de mala calidad. Usualmente me duermo rápido, pero luego me paso despertando toda la noche con pensadera, y en la mañana me levanto sin haber descansado.
En la clínica me hicieron varios estudios, me descartaron convulsiones y otras condiciones y me dijeron lo siguiente:
–Posiblemente se le han juntado muchas cosas al mismo tiempo: la tensión económica, no dormir bien, el cansancio y las dificultades en el trabajo. Ya hicimos varias evaluaciones y pensamos que podría estar teniendo algo que llamamos disociación. Se trata de un mecanismo que tiene nuestro cerebro para desconectar algunas de sus funciones y así protegerse de no entrar en un colapso. Por ejemplo, en su caso, la sensación de estar en control de sus propios pensamientos y la percepción del ambiente pudieron verse “apagados” para mantenerse funcionando. Su cerebro en realidad está evitando un malestar mayor.
A veces, sin embargo, esto llega a ser excesivo, genera mucho malestar en la persona y se requiere de una ayuda para enfrentar la situación.
No podía creer que eso me estuviera sucediendo, aunque la explicación me sonaba bastante lógica y sensata. Me recordaba las sensaciones que experimenté temprano en mi infancia con el divorcio de mis padres, uno de los peores momentos que pude haber atravesado en mi vida.
El profesional que me atendía prosiguió:
–Es ideal que tenga un espacio de conversación profesional en psicología. Eso le permitirá comprender cuáles aspectos de su historia de vida lo han hecho más propenso a estas desconexiones. La educación durante esos procesos es de suma importancia: queremos pacientes empoderados que conozcan sobre el origen de lo que enfrentan.
Existen terapias específicas que funcionan muy bien, aunque normalmente con recuperar el sueño, valorar lo que me decía del cambio de trabajo y volver a la práctica del deporte, estos síntomas suelen mejorar.
Y en caso necesario, si lo anterior no resulta, podrá buscarse algún medicamento para mejorar la calidad del sueño y bajar la ansiedad, lo que le aporta aún más a la recuperación.
Luego de un proceso en que tomó algún tiempo, aprendí cosas interesantes. Todos experimentamos en algún momento síntomas de disociación: por ejemplo, cuando vamos en un carro y nos quedamos “idos” viendo las líneas de la carretera, sin prestar atención a lo que nos dice nuestro acompañante. Eso ocurre por un principio de “economía cerebral”. Algunas personas, sin embargo, en particular si han tenido historias de vida donde guardan mucho dolor, en donde se vivió algún tipo de violencia durante los primeros años, pueden experimentar manifestaciones más intensas de la disociación que incluso les afecta en su funcionamiento diario y en la regulación de sus emociones.
Aprendí también que este es un tema que ha sido estudiado de forma creciente durante los últimos años y se han ido afinando las estrategias para ayudar a todas las personas que lo puedan presentar. Igual que yo lo hice, en caso de que usted o algún familiar o persona cercana esté teniendo este tipo de manifestaciones –u otras situaciones desde el punto de vista emocional o de ansiedad intensa–, le expreso una invitación para buscar atención en psicología o psiquiatría. Con un buen tratamiento su calidad de vida puede verse muy favorecida.