Difunde “El evangelio de la Península de Osa”

La travesía artística del cantautor nacional Mauricio Gutiérrez Ventura, mejor conocido como Mauricio Ventura, se inició hace unos 20 años, cuando por curiosidades de la vida decidió cambiar de aires con una guitarra en mano y muchas esperanzas. El destino lo llevó hasta la Península de Osa, donde ha logrado abrirse camino como músico. Este […]

La travesía artística del cantautor nacional Mauricio Gutiérrez Ventura, mejor conocido como Mauricio Ventura, se inició hace unos 20 años, cuando por curiosidades de la vida decidió cambiar de aires con una guitarra en mano y muchas esperanzas. El destino lo llevó hasta la Península de Osa, donde ha logrado abrirse camino como músico.

Este profesor busca abrirse espacio en dicha arte, pero más allá de una canción “vacía” desea plasmar un mensaje de apropiación cultural y enseñanza. Se valió de temas como “El Jaguar”, “Historia de oreros y 100 cuentos”, “La Danta Amaranta”, entre otros, para convertirlos en herramientas de educación.

Mauricio contó su historia a DIARIO EXTRA y expresa cómo ha sido la travesía en la que continúa firme a lo largo de los años.

¿Qué encontró al llegar a la Península de Osa?

– Yo llego hace 20 años y me encuentro este lugar increíble y empiezo a averiguar un poquito y me encuentro que estoy en el Golfo Dulce y a muy pocos kilómetros de Corcovado, que es uno de los lugares más biodiversos del planeta. Sí, Costa Rica es pequeño, pero imagínate lo que es tener en la esquina azul sur el 2,5% de toda la biodiversidad del planeta.

¿Y qué hace usted con eso?

– Yo me encuentro con eso y lo que tengo en mis manos es una guitarra, nada más. En uno de los festivales que yo estuve, en un desierto en Estados Unidos, aprendí que todos tenemos algo que dar, pero la pregunta es qué es lo que damos. Y no necesariamente tiene que ver con plata, sino, más allá de una buena actitud, en ese momento lo que yo tenía era la guitarra y yo me dispuse a hacer música.

¿En qué momento decide ser profesor de música?

– Siempre me ha gustado la parte de gestión cultural y yo salía con la guitarra y hacía actividades en el centro del pueblo de Puerto Jiménez y pues empecé a hacer actividades culturales, a lo que me salió la oportunidad de ser profe de Música y empecé a trabajar con el MEP (Ministerio de Educación Pública).

¿Cómo nació la idea de crear canciones que generen sensación de pertenencia cultural?

– Solo el hecho de estar aquí, porque empiezas a valorar un montón de cuestiones, a partir de eso, yo amo este lugar y empieza a salir esta música que, justificada en las aulas, se ha creado una pedagogía de la educación.

¿Cómo ha sido ese proceso de crear canciones para educar?

– Hay necesidades específicas de protección y qué más que utilizando el arte. Te voy a poner un ejemplo, en una de las escuelas para las que laboro hay muchos árboles de mango, entonces los chicos no podían ver una iguana porque ya le estaban tirando piedras. Hace como 7 meses saqué una canción que se llama “Ana la iguana”, entonces ya no le lanzan las piedras y si ven una iguana se ponen alrededor para cantarle la canción.

Además de la apropiación cultural, ¿qué busca con esta iniciativa?

– La responsabilidad que tienen, porque un chiquillo que digamos llegue a primer grado no sabe dónde está ubicado Corcovado, y desde ese momento saben que viven en un lugar particular.

¿La música siempre fue parte de usted?

– Siempre, desde muy pequeño.

¿Es una tarea fácil o difícil el crear canciones a partir de lo que nos rodea?

– Lo vacilón de esto es que hay que estar acá, para crear sensibilidad.

¿Quién lo acompaña en este proceso? 

– Mi hijo, Saulo Gutiérrez, es mi compañero de música. Él estudia violín desde los 3 años y es mi fiel compañero.

¿Dónde pueden encontrar sus canciones?

– En las diferentes plataformas digitales, actualmente estoy haciendo una recopilación de mi música en tres discos, y la temática tiene que ver con todos estos años de estar aquí.

¿Cómo ha sido la aceptación en la pedagogía?

– Hace unos días, nos invitaron a un Simposio Internacional de Pedagogía de la Esperanza, fue algo muy lindo y simbólico, porque esa fue como la graduación de una música que no solo es música, sino que se relaciona con una pedagogía de enseñanza.

¿De cuáles festivales ha sido parte?

– He participado en Festivales como Festival Nacional de las Artes (FNA) 2013, Guayabo de Mora, Festival Campesino (Palmar en 2014 y 2015), FNA 2016, FNA Zona Sur 2016, Festival Internacional de las Artes (FIA), y este año represento a Costa Rica y la playa de Osa en el Simposio Internacional de Pedagogías de la Esperanza.

¿Qué proyectos nuevos tiene?

– Este año que viene, uno de los proyectos es celebrar los 15 años de la “Danta Amaranta”, que ya es toda una juvenil (risas).