Difícil escenario político para 2018

Estamos ante un nuevo y complicado escenario político para 2018, luego de la convención abierta del oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC). Tres partidos, en el papel, principalmente, se alistan para convencernos, como electores, de sus bondades para ejercer el próximo Gobierno. El Partido Liberación Nacional (PLN), con su meta de volver a gobernar; el Partido […]

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Estamos ante un nuevo y complicado escenario político para 2018, luego de la convención abierta del oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC). Tres partidos, en el papel, principalmente, se alistan para convencernos, como electores, de sus bondades para ejercer el próximo Gobierno. El Partido Liberación Nacional (PLN), con su meta de volver a gobernar; el Partido Unidad Social Cristina (PUSC), por fin a consolidarse como opción real ante el electorado, y el PAC, según su nuevo candidato, a tratar de vender con éxito la “continuidad del cambio”. Menuda tarea la que tienen estos tres grupos a los que, de seguro, no les alcanzará con sus partidarios fieles para ganar las próximas elecciones de febrero de 2018.

Desde el mirador ciudadano “común y corriente”, se percibe un recelo significativo hacia los anteriores tres grupos más importantes de la política costarricense, aunque de las convenciones realizadas no cabe la menor duda que la base de apoyo electoral más sólida es la del PLN, sin que esto sea garantía, de ninguna manera, de un triunfo electoral el próximo mes de febrero.

¿Se desbordarán las pasiones políticas en la campaña que se avecina? Veamos por qué tal vez no y más bien por qué el resfrío electoral puede prolongarse.

El PUSC tenía la fuerza de su base electoral en el calderonismo llamado de “hueso colorado” que, para estas elecciones, hizo casa aparte como Partido Republicano Social Cristiano (PRSC), grupo sin el abolengo del pasado y con un liderazgo que sobrevive más por sentimentalismo que por credibilidad. De manera que al PUSC lo conforman ex de su antiguo líder y los convencidos de los nuevos tiempos que corren por esa casa política. No obstante, los escándalos de corrupción que salpicaron al PUSC en un pasado reciente continúan “resfriando” a posibles nuevos votantes en las elecciones nacionales, como para que le permitan aumentar su caudal electoral, al menos, para provocar y colarse en una segunda ronda con posibilidades de triunfo.

El escarnio al PLN fue brutal en el 2014. El PLN fue desangrado por todo lado y la aparición de un candidato que no contaba en las encuestas de opinión para una segunda vuelta hizo que el candidato presidencial le diera un golpe de muerte a su partido anunciando su retiro de la campaña. De esta forma puso en bandeja de plata el Gobierno a quien hoy es el Presidente de la República. 

No se trataba solo de una posición realista de cara al resultado que se advertía, sino de un abandono del barco cuando más necesitaba de su capitán para que este no naufragara de buenas a primeras. Con ello, se estaba pulverizando todo trazo de fortaleza para resistir las embestidas de las críticas que machacaban al Partido que, aún hoy, siguen amenazando con volver a detonar toda posibilidad de triunfo electoral en el 2018. Mucho se deberá hacer, internamente y hacia afuera, para recobrar credibilidad y confianza en el electorado. Hacer lo mismo del pasado para obtener diferente resultado en el futuro no parece ser la fórmula mágica para el 2018.

Una de las estrategias que más pudo haber calado en la campaña pasada fue el no al continuismo que promovió el PAC, vestido del cambio necesario. Sin embargo, su actual y recién electo candidato presidencial ha empezado a vender la misma receta a la que se opusieron antes: el continuismo, solo que con un nuevo vestido: “para continuar con el cambio”. En esta tesitura le tocará demostrar dónde ha estado el cambio para despejar las dudas que pesan sobre quienes pregonan que no lo ha habido o que este ha sido demasiado “light”, muy por debajo de las expectativas que se crearon para las elecciones de 2014 y que, a la postre, dieron la presidencia, en segunda ronda, al candidato Luis Guillermo Solís. Para el PAC y su candidato presidencial, la estrategia de “continuar con el cambio” puede convertirse en un arma de doble filo.

Otras opciones políticas estarán o aparecerán en la campaña que se avecina. Posiblemente, para cualquiera de estas las posibilidades de gobierno se sustentarán en provocar una segunda vuelta con sus mensajes, y estar ahí, por supuesto. Aunque es difícil suponer, creo yo, que se vuelva a llegar a una segunda vuelta con otro candidato sorpresa, oculto en las encuestas. Pero, como del dicho al hecho hay mucho trecho, eso estará por verse con la decisión popular.