
Los hijos crecen. De niños pasan a jóvenes, luego a adultos y se hacen padres. Sin embargo, aunque sean hombres hechos y derechos, así como mujeres mayores, independientes y responsables, para los ojos de las madres siguen siendo los pequeños chineados y juguetones de siempre.
Y es que el embarazo incide en la identidad femenina, le crea una nueva denominación. En el mismo momento en que la prueba de embarazo es positiva, se transforma en madre. Las oleadas hormonales durante los nueve meses, además, la vuelven más fuerte, más sabia, y le brindan una energía extra, con el fin de poder enfrentar con creces los esfuerzos inherentes a la crianza del niño.
Hoy el panorama que afrontan las madres es todavía más complejo. Una buena parte de ellas lidian con la múltiple faena, trabajan fuera del hogar, hacen las labores de la casa y, además, cumplen el rol de la maternidad, sin olvidar que deben estar a la altura de las exigencias propias de la vida marital, tanto emocionales, vivenciales, como sexuales.
No es tarea fácil ser madre. Nunca lo ha sido. Hoy, como siempre, la vida materna conlleva un enorme desgaste. Si bien ella lo ve como una realización incomparable, sin duda esta labor le pasa la factura, tanto mental como físicamente. Es ahí cuando debemos entender que todos los días son el Día de la Madre.
Seamos solteros, casados, mayores o apenas jóvenes, nunca debemos perder la perspectiva de lo que representa ser madre en nuestra sociedad. Sea nuestra esposa, nuestra madre, nuestra abuela, nuestra hermana, nuestra suegra; debemos ver en cada una de ellas esa faceta de heroísmo que secretamente guarda su mirada.
Existe también la otra dinámica de muchas madres, lidian con un padre ausente, que no da pensión, o con mil artimañas brinda risorios aportes mensuales y les hace la vida imposible a ella y a los hijos. Otras, además, son las que crían abnegadamente a los nietos. Además, recordemos que la abnegación materna no tiene límites, por lo cual usualmente ellas se privan de mil cosas en el nombre de sus hijos, de sus nietos y de la familia. Por eso es nuestro deber velar porque a ella nunca no le falte nada, aunque nunca pida nada, para que así viva un feliz Día de la Madre.