Día de las madres: ¡Feliz día, mamá!

La maternidad es un evento maravilloso que tiene la magia de convertirse en eterno: transita impregnado en la mente y en el corazón a lo largo de toda la vida. Los hijos crecen. De niños pasan a jóvenes, luego a adultos y se hacen padres. Sin embargo, aunque sean hombres hechos y derechos, así como […]

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La maternidad es un evento maravilloso que tiene la magia de convertirse en eterno: transita impregnado en la mente y en el corazón a lo largo de toda la vida. Los hijos crecen. De niños pasan a jóvenes, luego a adultos y se hacen padres. Sin embargo, aunque sean hombres hechos y derechos, así como mujeres mayores, independientes y responsables, para los ojos de las madres siguen siendo los pequeños chineados y juguetones de siempre.

Y es que el embarazo incide en la identidad de la mujer, le crea una nueva denominación. En el mismo momento en que ella se percata de que la prueba de embarazo es positiva, se transforma en madre. Ni siquiera hay que esperar el nacimiento de la criatura. Desde el mismo vientre, el niño modifica totalmente la vida y el entorno femenino. 

Los cambios van más allá. Las oleadas hormonales que se producen durante los nueve meses de gestación afectan por completo el organismo de la mujer: la vuelven más fuerte, más resistente, más sabia, y le brindan una energía extra, todo esto con el fin de poder enfrentar con creces los esfuerzos inherentes a la crianza del niño.

Hoy el panorama que afrontan las madres es todavía más complejo. Una buena parte de ellas lidia con la múltiple faena, pues trabajan fuera del hogar, se ocupan de las labores de la casa y, además, cumplen el rol de la maternidad, sin olvidar que deben estar a la altura de las exigencias propias de la vida marital.

No es tarea fácil ser madre. Nunca lo ha sido. Hoy, como siempre, la vida materna conlleva un enorme desgaste. Si bien ella lo ve como una realización incomparable, sin duda esta labor le pasa la factura, tanto mental como físicamente. Ahí es cuando debemos decir presente. Es ahí cuando debemos entender que todos los días son el Día de la Madre, porque todos los días las madres se debaten en esas arduas tareas.

Seamos solteros, casados, mayores o apenas jóvenes, nunca debemos perder la perspectiva de lo que representa ser madre en nuestra sociedad. Sea nuestra esposa, nuestra madre, nuestra abuela, nuestra hermana, nuestra suegra; debemos ver en cada una de ellas esa faceta de heroísmo que secretamente guarda su mirada. 

Existe también la otra dinámica de muchas madres que deben sacar adelante a sus hijos sin el apoyo del padre. Ese padre ausente, muchas veces ni da la pensión, o con mil artimañas brinda risorios aportes mensuales y les hace la vida imposible a ella y a los hijos.

Asimismo, muchas madres tienen otra tarea. Aun cuando ya criaron a sus hijos, los sacaron adelante y estos ya se fueron de la casa, formaron un hogar, con frecuencia son ellas quienes crían a los nietos. Velan sus sueños, calientan su leche, juegan sus juegos, los traen y los llevan, con lo cual asumen una nueva modalidad de maternidad: la abuela madre. 

Hoy celebramos el Día de la Madre, de todas ellas, y son muchos los regalos imaginables. Por supuesto, el primero de ellos es el agradecimiento sincero, con un abrazo festivo y un beso fraterno. Además, debemos recordar que la abnegación materna no tiene límites, por lo cual usualmente ellas se privan de mil cosas en el nombre de sus hijos, de sus nietos y de la familia. Por eso es nuestro deber velar porque a ella nunca no le falte nada, aunque nunca pida nada, para que así viva un feliz Día de la Madre.