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Cada 29 de mayo se conmemora en Costa Rica el Día Nacional de la Persona con Discapacidad, una fecha que debería ser mucho más que una efeméride protocolaria.
Es una oportunidad para confrontar con seriedad una deuda histórica: la inclusión real y efectiva de las personas con discapacidad en todos los ámbitos de la vida nacional.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) define la discapacidad como un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con limitaciones físicas, mentales, intelectuales o sensoriales y las barreras del entorno, tanto físicas como actitudinales, que impiden su participación plena en la sociedad en igualdad de condiciones.
En nuestro país, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 676.310 personas, el 17,2% de la población, vive con alguna discapacidad. Más de la mitad de ellas, un 55,8%, está fuera de la fuerza laboral.
Solo un 40,7% trabaja y apenas un 3,5% está desempleada, lo cual no refleja una mejoría, sino una exclusión más profunda.
“ Costa Rica necesita voluntad política, entornos accesibles, programas de empleo inclusivo “
Las mujeres son quienes enfrentan mayores obstáculos, víctimas de una doble discriminación: por su género y por su condición.
Lo más doloroso es que no hablamos de personas sin capacidades, sino de ciudadanos con formación profesional, talentos diversos y una voluntad inquebrantable por superarse.
Aun así, muchos son rechazados en procesos de empleo, invisibilizados en espacios públicos o sometidos a estereotipos que los condenan al asistencialismo.
La verdadera inclusión no puede depender de discursos ocasionales ni de campañas pasajeras.
Costa Rica necesita voluntad política, entornos accesibles, programas de empleo inclusivo, educación sin barreras y, sobre todo, un cambio cultural profundo. No se trata de dar caridad, sino de garantizar justicia. El país no puede seguir marginando a quienes, día tras día, demuestran que la discapacidad está más en la mirada de la sociedad que en las personas mismas. Dejemos atrás las palabras. Pasemos a los hechos.