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No hay excusas para no adaptar la malla curricular de las universidades, tanto públicas como privadas, a las nuevas demandas del mercado. Seamos sinceros, se utilizan currículos desfasados.
Si bien es cierto existe libertad de mercado, no resulta justo que un estudiante ingrese a carreras con poca o nula posibilidad de conseguir trabajo y esto es precisamente lo que ya está ocurriendo en nuestra sociedad.
El mismo Consejo Nacional de Rectores (Conare) ha hecho sendos estudios en que esto se evidencia. Tenemos profesiones en que obtener un empleo es casi como sacarse la lotería.
Entonces el tema no está en cerrar estas opciones, pero sí en reducir los cupos de ingreso y ampliarlas en aquellas posibilidades donde es más fácil colocarse y, si es que el mapeo ya está hecho, ¿para qué esperar más?
No miente el ministro de Hacienda Nogui Acosta cuando pone este tema en la palestra. Urge que haya una planificación del norte que debe seguir la enseñanza superior costarricense.
Con ello, no queremos decir que las universidades no estén formando en estas áreas, el problema es que no lo hacen en la cantidad que se necesita para cubrir las necesidades del sector empresarial, lo cual genera una serie de inconvenientes.
¿Y qué mayor aliciente puede haber que ya nos están diciendo los patrones a dónde debemos apuntar? Abramos los ojos, y esto pasa también por propiciar que más colegios científicos y técnicos puedan recibir a un mayor número de estudiantes.
Actualmente, muchos jóvenes entre los 15 y 24 años engrosan las listas de desempleo, ¿cuánto más debemos esperar para que las autoridades tomen cartas en el asunto?
Hace poco veíamos estudios del Conare mediante los cuales se indica que existen áreas sobre todo en el campo de las Ciencias Sociales que tienen un mercado completamente saturado, mientras que en otras más bien hay casi que un ciento por ciento de garantía de ocupación.
Eso constituye un daño que ocasionamos al impartir carreras con poco auge y por desgracia está situación se extiende hasta las universidades privadas. Conocemos de casos en que el Consejo Nacional Superior de la Educación Privada (Conesup) tarda años en aprobar un plan de estudios.
Y la señora ministra de Educación Pública Anna Katharina Müller Castro tiene una silla en este órgano, de modo que bien podrían encauzar el impulso a tener cada más carreras STEM (de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, por sus siglas en inglés).
No es un secreto que este tipo de formación cada vez ha ganado más fuerza gracias al desarrollo de la industria. Esto no puede quedar solo en el discurso del Gobierno.
Las palabras deben ir de la mano con las acciones. El futuro es hoy y no tomar el camino adecuado también puede ahuyentar la inversión extranjera, porque si algo nos ha caracterizado es poder tener el personal idóneo para las transnacionales.
Nos estamos quedando atrás. Bien harían las universidades públicas y privadas en unir esfuerzos para que exista una modernización de las carreras que se imparten y no esperar a que, como país, fracasemos dando la espalda no solo al sector empresarial sino también a nuestros jóvenes.
“Las palabras deben ir de la mano con las acciones. El futuro es hoy y no tomar el camino adecuado también puede ahuyentar la inversión extranjera”.