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Durante años, el café fue parte de la vida de Jonathan Rivera y su familia. Sin embargo, una combinación de factores hizo que el productor de Aserrí tuviera que buscar una alternativa para mantener a flote su actividad agrícola.
“El precio se vino al suelo por completo, sabemos que dependemos del café de la Bolsa de Nueva York, y si Brasil tiene muchas cosechas, aquí el café no vale nada”, explicó.
A esto se sumaron los efectos del cambio climático y una disminución en el rendimiento de las tierras. Fue entonces cuando Rivera decidió cambiar parte de sus cafetales por limón. En 2015 sembró sus primeros 500 árboles, sin tener un comprador asegurado.
“Yo aposté por los limones porque es un consumo alto a nivel nacional, y aquí había unos palitos y yo los vi que estaban bien cargados, entonces yo dije: esta zona es de limón”, recordó.
Una puerta que
tardó en abrirse
Los primeros años fueron de espera. Los árboles necesitaban tiempo para comenzar a producir y el agricultor tuvo que buscar mercados para colocar sus cosechas. En 2019, Rivera logró acercarse a compradores de Walmart y comenzó a entregar frutas de temporada. Poco después recibió un pedido de 50 cajas de limón mesino.
Una oportunidad pequeña terminó transformando por completo su negocio.
“Pasé en el 2019 de entregar 50 cajas de limón mesino, ahorita semanalmente estoy entregando 2 mil, 2.500 cajas semanales. O sea, tuve un crecimiento enorme”, afirmó.
Para responder a esa demanda, Rivera tuvo que invertir, solicitar préstamos, construir una planta empacadora y adquirir vehículos para transportar la producción.
Más árboles y más empleo
En una década, la plantación pasó de 500 a 2.500 árboles de limón y actualmente cuenta con 15 hectáreas dedicadas a este cultivo.
Uno de los factores que le permite producir durante todo el año es un sistema de riego que desarrolló para enfrentar la época seca y mantener la disponibilidad del producto cuando escasea en el mercado nacional. El crecimiento también se refleja en el empleo. La empresa cuenta con seis trabajadores en planta y personal temporal para las labores de campo durante las cosechas.
“Me llena de satisfacción porque no me beneficio solo yo, se benefician familias a las cuales yo les brindo trabajo por medio de todo el producto que yo les entrego a Walmart. Mi familia también trabaja conmigo en esto”, señaló.
Rivera también ha recibido apoyo del programa Tierra Fértil, iniciativa de Walmart que brinda asistencia técnica y capacitación a pequeños y medianos productores agrícolas.
Katherine Jiménez, directora del programa de apoyo a la pequeña y mediana empresa de Walmart Centroamérica, explicó que el acompañamiento busca mejorar la productividad, reducir rechazos y fortalecer la calidad de los productos.
“Todos los proveedores de frutas, verduras y vegetales que estén interesados en comunicarse con nosotros pueden hacerlo.
Con información sobre el cultivo que manejan, el volumen que podrían entregar y la zona del país donde se encuentran, coordinamos una visita con nuestro equipo de compradores y ahí empieza el recorrido”, explicó.
En el caso de Rivera, ese proceso incluyó visitas a la finca, recomendaciones para mejorar los cultivos y asesoría en buenas prácticas agrícolas.
“Si usted se pone una meta, la logra. Con miedo no gana nada, el miedo hay que dejarlo a un lado y como dicen, tirarse al agua”, dice Rivera al recordar todo el camino recorrido.
Hoy, donde antes predominaban los cafetales, crecen miles de árboles de limón. Para el productor, el cambio implicó préstamos, madrugadas y años de incertidumbre, pero también una nueva oportunidad.
“Lágrimas, sudor, trasnochadas, madrugadas y de todo, pero ha valido la pena. Del esfuerzo se ve el resultado, gracias a Dios”, subrayó Rivera
