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En medio de noticias poco alentadoras sobre la salida de empresas de nuestro país, o de las tasas de desempleo que van aumentando (aunque el gobierno las maquille) o del bombardeo a las instituciones públicas clásicas-léase, el ICE, las universidades públicas, el INCOFER, entre otras- solo quiero compartir algunas reflexiones al respecto.
En primer lugar, la cultura costarricense y no sólo nuestros ineptos gobernantes de antaño, tiene en buena parte la culpa de algunas situaciones. Veamos: ¿qué pasó con el agro nuestro, con el ponernos a sembrar flores en lugar de alimentos (como los hacen otros países potencia en este tema) que hoy incluso debemos traer de afuera? Era y es un sinsentido pero ahí iban algunos cabezas calientes a hablar de sustitutos y otras ocurrencias.
En este mismo tema, hay algunos investigadores cuyos objetivos de investigación tienen que ver con traer \”especies florales o frutales\” que no son nuestras, es decir, que deben traerse de otros países
yo me pregunto, por qué no usar las frutas que ya tenemos, las que se producen en cantidades casi industriales en Costa Rica? Dónde ha quedado el sentido común en todo esto? Ese tipo de investigaciones, si bien tienen algo rescatable, pierde de vista lo e-vidente: que la materia prima para trabajar ya está entre nosotros, que solo hay que organizarse e innovar. Pero la ausencia de este sentido común es lo que prolifera en nuestras universidades, ministerios y demás instituciones públicas.
Otro ejemplo: el suero antiofídico, un medicamento por el que muchos países pagarían miles de dólares
no se produce en cantidades suficientes para poder ser comercializado. Todavía se usan caballos para obtenerlo, es decir, aún se usa el método de hace 60 años y lo peor, no se genera la riqueza que nuestro país merece. ¿Por qué un nicho de saber como este, deja perder plata teniendo el conocimiento necesario y la materia prima para ser potencia en la región en este tema? Porque no lo dude nadie, víboras es lo que sobra en este país
Otro ejemplo: ¿saben ustedes que pasó con las tan celebradas \”etiquetas inteligentes\” para saber si la carne estaba contaminada? Pues resulta que ese producto cien por ciento costarricense, se está comercializando en otros países excepto en Tiquicia donde fue creada. ¿La razón?: el Ministerio de Salud no tiene expertos en nanotecnología para darle el aval a ese producto. Entonces, se creó aquí pero los costarricenses no la conocen siquiera
la impericia en estas cuestiones es alucinante. ¿Qué espera la gente de salud para actuar a este respecto?
Y podríamos continuar con otros ejemplos, mencionando los sinsentidos, los miedos de muchos investigadores a pactar con la empresa privada, no vendiendo el alma al diablo, sino en un marco en el que gane una gran mayoría. Ni las universidades, ni las instituciones públicas, ni el MICIT (Ministerio de Ciencia y Tecnología), tienen marcos legales para patentizar productos o como se dice ahora para “proteger intelectualmente” nuestras ideas e innovaciones, para dar rienda suelta a la creatividad, a las ganas de muchos de mejorar la calidad de vida y la economía en Costa Rica. Hay miedos, gamonales y sobre todo, una gran ceguera. El presupuesto del MICIT es sólo del 0, 0003% del PIB, una suma irrisoria si en verdad el país quiere posicionarse en potencia tecnológica en Centroamérica. No lo seremos nunca a menos que aprendamos de otros, que volvamos la función pública eficiente y a menos de que seamos consecuentes con nuestro discurso. Mientras tanto, la plata se va, los cerebros se fugan, las ideas se olvidan y Tiquicia se lamenta. Es hora de actuar, de pensar como país, de dejar los feudos y de trabajar solidariamente. Sólo así veremos el crecimiento humano y económico que tanto anhelamos.