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Este es un editorial necesario, no uno de esos que nos alegra escribir y publicar. Es, más bien, uno de aquellos que se nos hacen inevitables en tanto nos lo impone nuestra ética periodística. Sin duda es de los que no podemos obviar ni disimular, al menos no mientras estemos guiados por nuestra conciencia cívica y el más genuino compromiso democrático.
Tampoco podríamos dejar de escribirlo mientras estemos amparados en la libertad de expresión y, aun con mayor amplitud, al derecho a la información como presupuesto elemental de cualquier república que se funda en el Estado de derecho.
Así es como esta advertencia nos resulta imperativa y nos evidencia la gran indignación que nos embarga: ¡Cuidado, señores diputados y señoras diputadas! Seguimos aquí. Los estamos viendo. Continuamos atentos a sus gestos políticos, su retórica legislativa y sus cálculos electoreros.
DIARIO EXTRA no cejará en materia de transparencia, menos en un tema en el que no somos recién llegados. Hace más de dos años inauguramos nosotros y nadie más los señalamientos sobre la presunta red de tráfico de influencias que venía haciendo fiesta en las narices del Presidente de la transparencia y el cambio. Ese mismo que hoy dice no saber nada.
Dichosamente ahora todo el país nos acompaña y también los está viendo. Ya no solo nosotros subrayamos los intrincados lazos que resultan, a esta altura, simplemente inocultables.
En cuenta: primero, que a este gobierno le interesó repartirse el botín de lo público, en lugar de diferenciarse de sus antecesores en eso y cortar ese círculo vicioso de la repartidera de puestos al estilo 4/3, que por lo visto es solo la antesala de otra repartidera subsecuente, la de los préstamos bancarios y contratos de obra pública.
Segundo, que el PAC como institución permanente no ejerció ningún contrapeso a “su” gobierno, en procura de asegurar el cambio prometido. En síntesis, el PAC no estaba preparado para gobernar, que a Luis Guillermo Solís como candidato le importaba poco el ropaje partidario que lo ungió y que ya como presidente mucho menos.
Tercero, que el Presidente empoderó desde el primer día de su gestión -como ha señalado valiente y certeramente algún agudo analista político por ahí- a una camarilla de amigotes que montaron un triunvirato de influencia paralela, frente a las narices del propio Presidente de la República que hoy pone cara de circunstancia y se deslinda de sus “amigos”, auspiciando una ominosa “operación desmarque” concebida y desplegada desde la “Casa de Cristal”, cuando la torta está hecha y más bien cabría preguntarse ¿ya para qué?
Cuarto, que la red de influencias en la banca estatal, si bien no es algo nuevo, ha cobrado proporciones épicas, cortesía del PAC, en esta oportunidad de gobierno que el pueblo costarricense les concedió a esos “nuevos” inquilinos de Zapote. Curiosamente la mayoría de los mencionados en toda esta patraña cementera arribó de otras tiendas a las huestes del PAC y por ese conducto después al gobierno, de la mano de Luis Guillermo Solís y nadie más. Pero eso sí -se impone evidenciarlo-, a vista y paciencia de los líderes tradicionales y formales de dicho partido, en cuenta Ottón Solís, quien hasta ahora reaccionó, y el propio Carlos Alvarado, quien sin decir esta boca es mía desde adentro vio toda esta procesión. Incluso Epsy Campbell, quien brilla por su ausencia y su silencio, pese a que desde Alianza Patriótica (el “partido” de Mariano Figueres) fue desde donde la señalaron en la precampaña por una supuesta consultoría con cargo a los fondos del BCIE. Entendemos que su cálculo está puesto en la ONU y ya no en su país, y que quiere ahorrarse la molestia de polemizar con Zapote para no afectar el apoyo que necesita de la Cancillería. Todos estos “líderes” del PAC presos de su silencio a fin de cuentas son corresponsables de las sumas y las restas de toda esta corrupción sistémica a la que asistimos, si se mira más allá de las circunstancias pasajeras y el limitadísimo encargo de la comisión investigadora que lidera un liberacionista.
Quinto, lo que está pasando con los créditos en la banca estatal obliga a todo ciudadano medianamente responsable y suspicaz a preguntarse realmente qué está pasando ahí adentro, en esas bóvedas bancarias que todos respaldamos solidariamente, como nos quedó claro desde que en un gobierno del PLN no tan lejano nos cerró el Anglo, socializándose las pérdidas que nos dejaron los irresponsables directivos, desde entonces y al igual que ahora, nombrados politiqueramente. Eso tampoco se nos olvida. Aunque sí nos queda claro que al fiscal general Jorge Chavarría ese capítulo de nuestra historia contemporánea, convenientemente, pareciera que se le olvidó.
Sexto, que los tentáculos de los presuntos carteles de influencia que se vienen develando progresivamente, gracias al trabajo de la prensa y no de los diputados -eso también hay que decirlo-, alcanzaron dimensiones inauditas. Ya no se trata solo de menciones al Presidente y sus “amigos”, directivos de la banca estatal y diputados, sino también de al menos el presidente de un partido político con los antecedentes del PUSC, ministros y viceministros del PAC e incluso el magistrado Celso Gamboa, quien por cierto fue uno de los selectos ministros escogidos por Luis Guillermo Solís, además de hijo de otra ministra llamada de emergente a Justicia, Cecilia Sánchez, otra hermana del Presidente y cercanísimo del propio presidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Chinchilla.
Sétimo, si la comisión en algún momento tuvo que cuidarse no solo de ser sino de parecer, ese momento es este. Es ahora y no después cuando esperamos que no se proteja a nadie, sobre todo que no se tape nada. Para ello deben acudir a rendir cuentas los legisladores cuestionados, que son de varios partidos. Como mínimo del PAC: Víctor Morales Zapata. Pero también Mariano Figueres, que está muy calladito desde que el Presidente decidió pedirle la renuncia selectivamente solo al diputado, a sabiendas que no iba a renunciar. Obviando convenientemente pedírsela a su otro amigazo: el hermano Figueres, nada más ni menos que a cargo de la DIS, institución que, por cierto, Solís Rivera prometió en campaña que clausuraría en su gobierno. Del PLN: Rolando González. Del PUSC, curiosamente, son más: Luis Vásquez y Johnny Leiva. Este último nada más y menos que jefe de campaña de Rodolfo Piza. Sin obviar, claro está, a Pedro Muñoz, quien no solo es el presidente de esa divisa política sino que es el candidato a diputado que aspira, desde esa presidencia partidaria, a nada más y nada menos que el primer lugar por San José, puesto que prácticamente le garantizaría ser diputado a partir del próximo año, pese a los cuestionamientos sobre su nombre.
En este último caso es de especial interés esclarecer que el presidente del PUSC y excompañero de bufete de Rodolfo Piza y Sergio Alfaro esclarezca sus vínculos y actuaciones, sin subterfugios de secreto profesional exacerbado como excusa para eludir su obligación de explicarse y hacerlo a fondo. No como abogado litigante que es, sino como diputado que quiere ser y como presidente de una fuerza política que podría caer nuevamente en desprestigio ante la más mínima duda, dados sus no tan añejos antecedentes.
No estamos dispuestos a dejar pasar más paños tibios, no sin evidenciarlo. El espectáculo de mediocridad y complacencia que exhibieron los miembros de la comisión investigadora en la “Casa de Cristal” hace pocos días no debe repetirse.
Si los miembros de la comisión votan para proteger a otros legisladores lo evidenciaremos con nombres y apellidos. Igual si los diputados no concurren a las sesiones y votan las mociones, zafando así el lomo, o les ahorran la molestia a sus colegas implicados o a un magistrado amigo y bendecido con una carrera política meteórica, que mucho dice de su condición de operador político y tanto contradice el garbo que debería exhibir como el operador judicial en que él mismo decidió mutar, por cierto, también al auspicio de este gobierno del PAC y su presidente.
Basta de cálculos electoreros, tapaderas disimuladas y amiguismos cínicos. ¡Cuidado, diputados! Aquí estamos y los estamos viendo. ¡Cuidado!