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Lo que inició como la búsqueda de mejores oportunidades en Estados Unidos terminó en una pesadilla para Randall Gamboa Esquivel, un costarricense de 52 años que regresó al país deportado y en condiciones críticas de salud, tras meses de detención en centros migratorios.
Su hermana, Grady Mata, relató en Extra Radio que Randall era un hombre saludable, lleno de vitalidad y muy cercano a su familia. El 27 de diciembre fue detenido por oficiales de ICE y trasladado primero al Condado Webb, donde todavía podía comunicarse con sus allegados mediante videollamadas. Sin embargo, al ser movido a Port Isabel, el contacto se interrumpió por completo y la familia perdió su rastro.
Durante semanas, sus parientes insistieron con llamadas y correos electrónicos, pero la respuesta oficial fue que Randall había rechazado mantener comunicación con la familia y el consulado, algo que sus seres queridos consideran imposible.
En la búsqueda de apoyo, contrataron abogados que resultaron estafadores hasta que una amiga logró ponerlos en contacto con la abogada Katie Potter, especialista en temas migratorios.
Gracias a sus gestiones, Randall fue localizado en el hospital Valley Baptist en un estado de salud alarmante: presentaba desnutrición severa, deshidratación, úlceras abiertas, cicatrices y diagnósticos médicos que la familia cuestiona, como una supuesta cirrosis hepática que nunca padeció.
La abogada consiguió la deportación y el financiamiento del vuelo ambulancia que lo trajo de Texas a San José el 2 de setiembre de este año.
Una vez en el país, la Cruz Roja coordinó su traslado al Hospital San Juan de Dios y luego a Pérez Zeledón, donde permanece bajo atención especializada. Su familia lo acompaña las 24 horas, procurando que nunca más enfrente el abandono que, aseguran, sufrió en Estados Unidos.
Según los médicos en Costa Rica, las condiciones de encefalopatía y rabdomiólisis que enfrenta podrían dejar secuelas irreversibles.
Mientras Randall lucha por recuperarse, su familia exige respuestas a nivel diplomático.
Para la familia, la prioridad inmediata es su rehabilitación, pero también que se esclarezca cómo un “sueño americano” terminó en un episodio de dolor, incertidumbre y abandono.