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Contrariedades sexuales
Diariamente, miles de personas ven estas columnas. Muchas de las preguntas recibidas son planteadas por gente que enfrenta problemas sexuales, no sabe cómo enfrentarlos y no encuentran esa voz autorizada, de tipo científico, que las asesore. Desde esa perspectiva, realizamos las diferentes columnas que se publican en los medios.
Una mujer que en todas sus relaciones sexuales siente que se defeca vive atormentada. A menudo, la vergüenza es tal que no se anima a comentarlo con la pareja ni con los allegados, y muchas veces ni con el médico. Esa mujer usualmente evita la vida sexual, sin saber que hoy eso tiene tratamiento.
Mayor es la contrariedad de hombres y mujeres que no entienden por qué la idea de imaginarse a la pareja con otra persona o escuchar detalles de la vida sexual pasada les resulta excitante, aun cuando, a la vez, les resulta chocante y soez. Estas personas no saben por qué les sucede esto, y con frecuencia son víctimas de censuras y burlas cuando han buscado ayuda.
Esa mujer que en su primera relación sexual no presenta dolor ni sangrado se debate entre la duda y la extrañeza, y hasta puede cuestionarse si fue víctima de algún abuso en la infancia, pues desconoce que la mitad de las mujeres normalmente no sangran ni experimentan dolor en sus primeras relaciones.
Una mujer que vive con un hombre que “nunca la toca” y hace años perdió el interés sexual, nos pregunta: qué hago: ¿sigo viviendo sin sexo, busco a alguien por fuera o me separo a pesar de que las otras facetas de la vida marital marchan bien? A estas parejas debemos decirles que hoy tenemos tratamientos muy efectivos para superar estos cuadros de apatía.
De igual manera, cuando un varón hace mucho no consigue una buena erección o no más empezando “se viene”, comúnmente rehúye los encuentros sexuales y experimenta periodos prolongados de asilamiento. A ellos les decimos que hoy la ciencia resuelve estos problemas en la inmensa mayoría de los casos.
Están los hombres acomplejados por el tamaño del pene, quienes han vivido mil congojas y penurias y hasta han sido víctimas de los remedios milagrosos para agrandar el miembro, publicados por doquier.
Una mujer no entiende por qué sus amigas disfrutan del sexo y “solo de eso hablan” y ella vive al margen del deleite, a veces por dolor, a veces porque no se moja, porque le cuesta llegar al clímax o porque no le surge el deseo. Tiende a creer que nació así, frígida, y no consulta porque cree que eso no tiene remedio.
Más dramáticos resultan los casos de mujeres que, desde la adolescencia, mes a mes, lidian con el martirio de reglas abundantes, dolorosas, prolongadas, o con ardor y picazón, a las cuales se les enseñó que así era la menstruación. Hoy la Ginecología nos da las pautas para eliminar tantas molestias mensuales.
Estas y muchas situaciones más se viven en silencio. Por eso las respondemos públicamente, en el entendido de que, al contestar a uno, aprendemos todos, por cuanto no es raro que lo que hoy nos parece extraño lleguemos a enfrentarlo en el futuro en el plano personal.