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Los primeros cronistas de América se remontan a la época de la conquista, en la que hombres como Colón y su hijo Hernando escribieron sus cartas de relación para informar al rey sobre el descubrimiento. Américo Vespucio plasmó en cartas sus experiencias y hallazgos, así como los clérigos que respondían a las interrogantes de sus superiores en España y relataban todo lo que iban encontrando a su paso.
Más adelante, los gobernantes vieron la importancia de contar con la información proveniente del nuevo continente y encomendaron a los cronistas documentar la colonización, la conquista y hacer una relación de todo aquello que era parte de este nuevo continente, su gente, sus ciudades, sus costumbres, tradiciones y creencias.
Estos cronistas, con sus diferentes enfoques y perspectivas contribuyeron a la construcción de la historia de América, a la difusión, en Europa, del conocimiento de esta tierra y preservaron para la posteridad información trascendental que nos permite conocer esos primeros encuentros que dieron origen a esta fusión de culturas que hoy llamamos Iberoamérica. Pero ¿qué es un cronista y cuál es su rol en la sociedad actual?
“ Hoy más que nunca se debe escribir, recoger y recordar quienes somos como nación, quienes has sido y son los constructores de este país y con orgullo “
El escritor Dr. Miguel León Portilla, historiador, filósofo y académico mexicano describe al cronista como “aquel que quiere ser conciencia de la ciudad o el pueblo donde vive”, con esto quiere decir que el cronista es quien toma los hechos que ocurren en una comunidad o ciudad, para reflexionar sobre ellos, darlos a conocer y conservarlos en la memoria.
El cronista además tiene la misión de recordar el pasado, las tradiciones, los evento, grandes o pequeños, que hacen única su comunidad, esa donde el convive y habita.
En pocas palabras el cronista, es el vocero de su pueblo, es quien recopila y redacta los hechos de su tiempo que son dignos de ser recordados, pues son la memoria que da sentido de pertenencia a los habitantes de un pueblo o nación.
En un mundo en el que la IA ha tomado control de las redes y los hechos pueden ser alterados fácilmente la crónica surge como un medio para recoger y conservar para las futuras generaciones, el testimonio directo y sin manipulación de quienes se comprometen a guardar la memoria de los pueblos, esa que se trasmite en forma oral de generación en generación y que si no se escribe se pierde en el tiempo; esa que recoge las historias de los abuelos, esa que nos recuerda a la doñita que hacía los mejores tamales, esa que nos habla de los esfuerzos por levantar la iglesia u organizar la romería a la Basílica.
Esos relatos que nos cuentan del origen del turno, de las mascaradas y nos hacen sentir el orgullo del boyero que tenían la mejor carreta, esas historias de quienes sobresalieron por sus aportes, hitos y logros trascendentales que contribuyeron al desarrollo y la construcción de nuestra nacionalidad.
Algunos se preguntarán ¿para qué? Simplemente para que nuestros nietos puedan mostrar con orgullo a sus descendientes de dónde venimos y hacia donde debemos ir. Estamos viviendo un momento histórico, un cambio intergeneracional, en el que la tecnología nos puede sobrepasar y borrar para siempre la memoria de nuestro origen, nuestras raíces y nuestra idiosincrasia, en pocas palabras convertirnos en un pueblo más sin identidad u orgullo, un pueblo fácilmente manipulable en el que la Historia puede ser borrada con memes, en el que la Verdad se acomode a intereses distintos a nuestra tradición, en el que se menosprecie nuestros logros como Nación.
El rol del cronista es documentar los hechos, basándose en fuentes confiables, algunas de origen oral o testimonios de quienes estuvieron presentes y propagar hitos culturales, eventos memorables, costumbres, creencias y tradiciones propias de nuestra comunidad que son en sí el entretejido que da sustento a nuestra idiosincrasia. Hoy más que nunca se debe escribir, recoger y recordar quienes somos como nación, quienes has sido y son los constructores de este país y con orgullo mostrarnos al mundo como un pueblo culto y extraordinario que a pesar de los errores que se hayan cometido, ha brillado por sus niveles de salud y educación, por haber construido un Estado Social de Derecho, por haber aprendido a convivir en paz y ser una de las democracias más sólidas y repetidas del continente, entre otros muchos logros que no deben caer en el olvido.