Crisis educativa: Hay que actuar ya

Editorial

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Ahora es el más reciente informe del “Panorama de la Educación 2025” de la OCDE que reitera que la educación pública del país atraviesa su peor crisis. El reflejo de una tragedia nacional que se gestó durante años de inacción política y falta de voluntad real para transformar el sistema educativo.

Un tercio de nuestros jóvenes sin secundaria completa. Esta no es una estadística más; es la evidencia contundente de que estamos fallando como sociedad. Mientras el promedio de los países de la OCDE mantiene apenas un 13% de jóvenes sin completar la educación secundaria, Costa Rica exhibe una vergonzosa cifra del 30%, colocándose en el deshonroso grupo junto a México, Perú, Sudáfrica e India.

Pero lo más alarmante no es solo el dato actual, sino su tendencia. En 2023 aumentó un 142% la población de jóvenes de 15 a 17 años sin educación, una señal inequívoca de que la crisis se está profundizando mientras quienes tienen la responsabilidad de actuar se conforman con discursos y promesas vacías.

Detrás de cada porcentaje hay rostros, historias y sueños truncados. 53.000 jóvenes no han completado la educación secundaria, lo que equivale al 7% de la población de 15 a 24 años. Son miles de costarricenses que, por factores estructurales evitables, se ven forzados a enfrentar un futuro laboral precario, con menores oportunidades de desarrollo personal y social.

La brecha de género agrava el panorama: los hombres jóvenes abandonan el sistema educativo ocho puntos porcentuales más que las mujeres, perpetuando ciclos de desigualdad que impactarán durante generaciones. Con un índice de pobreza extrema del 6,3% y pobreza total del 21,8% en 2023, muchos estudiantes se ven obligados a elegir entre el aula y el sustento familiar inmediato.

La OCDE es clara: la secundaria superior se ha convertido en el “piso mínimo” para la inserción laboral de calidad. Sin este título, nuestros jóvenes quedan expuestos a trabajos precarios y sin estabilidad. Es una sentencia de exclusión social que se extiende por décadas, limitando no solo sus oportunidades individuales, sino el potencial de desarrollo del país entero.

No hay más tiempo para excusas. Cada día que pasa sin acciones concretas significa más jóvenes condenados al subempleo, más familias atrapadas en círculos de pobreza y menos posibilidades de que Costa Rica compita en una economía globalizada que demanda capital humano altamente preparado. Las recomendaciones de la OCDE no son nuevas ni complejas, lo que falta es voluntad política real para implementarlas. A los tomadores de decisiones les recordamos que la educación no es un gasto, sino la inversión más rentable que puede hacer un país.