
Debería ser innecesario subrayar la importancia trascedente que tienen las Naciones Unidas para Costa Rica. Ello no depende ni de circunstancias políticas específicas, ni de coyunturas históricas particulares aunque si, por razones obvias, de las decisiones que han tomado los gobiernos de turno sustentados en la visión general de la política exterior del país. Y también, y tan importante como lo anterior, del perfil de quienes han ocupado el cargo de representante permanente (con rango de embajador o embajadora) ante la Organización y sus distintas entidades especializadas. Me refiero, por ejemplo, ante la FAO en el caso de la agricultura y la alimentación, o la UNESCO (clausurada en el 2022) en lo que toca a la educación y la cultura.
En un sentido general, las organizaciones multilaterales como las Naciones Unidas son para nuestro país, junto a algunas embajadas bilaterales clave, la primera trinchera de defensa de nuestra seguridad nacional. Carentes de fuerzas armadas y de amplios depósitos de materiales estratégicos, una ubicación geográficas privilegiada (como la del Estrecho de Ormuz) o poseedoras de un recurso como el Canal de Panamá, Costa Rica siempre ha dependido del Derecho Internacional y de su ascendiente moral para defender sus intereses y su soberanía. Y eso lo ha hecho en primer lugar, sobradamente y con brillantez, en los foros multilaterales, en particular, en el de las Naciones Unidas en Nueva York (porque también existe una sede de la Organización en Ginebra en donde el liderazgo y la decisiva gestión de nuestros diplomáticos ha sido igualmente destacada). Para ponerlo en un apretado resumen: la grandeza de Costa Rica ante el mundo se ha asentado en ideas, consecuencia política y en el atildado liderazgo diplomático de descollantes figuras de todos los partidos e ideologías que también fueron, antes o después de su gestión en la ONU, además de un presidente de la República, diputados y presidentes de Asamblea Legislativa, cancilleres, magistrados de la Corte Suprema de Justicia, y brillantes jurisconsultos y periodistas dentro y fuera de nuestro país.
Veamos nombres: Fernando Soto Harrison, Alberto Canas Escalante, Benjamín Nunez, Mario Echandi Jiménez (concurrente), Fernando Volio, Fernando Salazar Navarrete, Rodolfo Piza Escalante, Carlos José Gutiérrez, Cristian Tattenbach, José Luis Molina Quesada, Fernando Lara Bustamante, y mas recientemente, Bernd Niehaus, Fernando Zumbado, Fernando Berrocal, Jorge Urbina, Bruno Stagno, Eduardo Ulibarri, Juan Carlos Mendoza, Rodrigo Alberto Carazo, y, durante la administración de Rodrigo Chaves, la primera mujer en ocupar el cargo como titular, la diplomática de carrera Martiza Chan. Y no entro a mencionar a representantes alternos, muchos de ellos profesionales de las Relaciones Internacionales tan reconocidos como los anteriores: Emila Castro, Raul Trejos, Luis Varela, María Elena Chassoul, Nazareth Avendano o Melvin Sáenz Biolley. Y pido disculpas por cualquier omisión involuntaria que haya cometido y que muy injusta y lamentable sería. Tan extraordinaria es esa constelación de figuras, que hoy Costa Rica ha propuesto a Rebeca Grynspan como candidata a la Secretaria General de la ONU, habiendo descollado como jerarca en varios altos cargos de la entidad.
Esos nombres y otros igualmente notables están indeleblemente asociados a iniciativas tales como la creación de la Universidad para la Paz, del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, de la Convención contra la Tortura, las propuesta y negociaciones junto a Colombia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (aprobados en el 2015), las gestiones exitosas del Acuerdo de Paris sobre Cambio Climático (COP 21, 2015) bajo la batuta de Christiana Figueres, y del Tratado para la Prohibición Absoluta de las Armas Nucleares, cuya gestión se produjo de la mano de Elayne White en Ginebra. Y me quedo corto porque no entro a precisar los aportes nacionales a la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Ley del Mar, y un largo etcétera de resoluciones igualmente destacables como la exitosa gestión emprendida por nuestro país en defensa de nuestra soberanía y derechos territoriales en el mar, ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya, o en el Tribunal sobre Crímenes de Guerra en la Antigua Yugoeslavia.
Hace pocos días la presidenta de la República informó al país y al mundo que Costa Rica no acompañará más los esfuerzos por aprobar la Agenda 2030 que en algún momento ella, como ministra, defendiera. Mas aun, que ha ordenado que nuestra sede en Nueva York se dedique a la promoción turística y la negociación de tema energéticos ya que el nuevo representante permanente en Nueva York es experto en esos temas. Espero sinceramente que dentro de cuatro años podamos sumar tan elevados objetivos a la lista de logros históricos anteriormente mencionada. No podríamos augurar nada diferente al gobierno nacional por el bien de Costa Rica.
“La grandeza de Costa Rica ante el mundo se ha asentado en ideas, consecuencia política y en el atildado liderazgo diplomático de descollantes figuras de todos los partidos e ideologías”.