Costa Rica ante una oportunidad histórica

Lic. Jorge León Vargas MBA Abogados, profesor universitario

Se espera que el próximo año arranque la construcción.

La candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan a la Secretaría General de las Naciones Unidas trasciende el legítimo orgullo nacional y es más que una noticia diplomática, es una oportunidad para reflexionar sobre el multilateralismo en un mundo cada vez más fragmentado, nos lleva a cuestionarnos si ¿está atravesando el multilateralismo una crisis de la que dependerá buena parte del futuro del orden internacional? 

Todo indica que sí.  Las Naciones Unidas enfrentan uno de los momentos más complejos desde su creación en 1945. Las guerras en Ucrania y Gaza, los conflictos olvidados en África, las crecientes tensiones entre las grandes potencias, el uso reiterado del derecho de veto en el Consejo de Seguridad y las dificultades para alcanzar acuerdos eficaces han debilitado la confianza en el principal foro de diálogo entre los Estados. A ello se suma una crisis financiera que limita su capacidad de acción precisamente cuando el mundo más necesita instituciones fuertes.

Sin embargo, los desafíos globales no han disminuido; por el contrario, son cada vez más complejos. El cambio climático, las migraciones masivas, las pandemias, el crimen organizado transnacional, la ciberseguridad y la inteligencia artificial desbordan las fronteras nacionales. Ningún país, por poderoso que sea, puede enfrentarlos de manera aislada. La cooperación internacional dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad.

En ese contexto, la eventual elección de Rebeca Grynspan adquiere una relevancia que supera el ámbito diplomático. Su trayectoria y experiencia invitan a debatir cómo fortalecer una organización que necesita reformarse para responder con mayor eficacia a los retos del siglo XXI. Además, su eventual designación tendría un significado histórico, ya que, en más de ochenta años de existencia, la ONU nunca ha sido dirigida por una mujer. No se trata de una concesión simbólica, sino de reconocer que el liderazgo también se enriquece con la diversidad, la experiencia y la capacidad.

Pero existe una reflexión aún más importante. En 1986, al recibir el Premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración nazis, advirtió que la gran tragedia del siglo XX fue la indiferencia; sus palabras conservan hoy una fuerza extraordinaria.  Quisiera pensar que la indiferencia no llegue a convertirse también en la enfermedad moral del siglo XXI.

Por ello, el proceso de elección de la próxima Secretaría General de las Naciones Unidas no debería pasar inadvertido para Costa Rica. No está en juego únicamente quién ocupará uno de los cargos más importantes del mundo, sino que también la posibilidad de revitalizar el diálogo, fortalecer el derecho internacional y devolver credibilidad a una institución indispensable para la paz.

Costa Rica ha construido su prestigio internacional sobre la defensa del derecho, la negociación y la solución pacífica de los conflictos, por lo cual ese legado nos obliga a participar activamente en esta conversación global, porque el mayor riesgo no es únicamente que el multilateralismo fracase. 

El mayor riesgo sería que permanezcamos indiferentes mientras se redefine el futuro del orden internacional.