
Las inconformidades que enfrentan los cuerpos policiales del país son cada vez mayores, situación que pone en aprietos a varios de los uniformados.
Una fuente policial cercana a DIARIO EXTRA, de la cual este medio mantiene registro, expone la situación que enfrenta la delegación de Orotina en Alajuela, misma en la que denuncian aparentes irregularidades desencadenadas por el jefe policial, de apellido Solano.
En apariencia, Solano abusa de su autoridad y en ocasiones es partícipe de corrupción favoreciendo a quienes estén de su lado.
“Este señor tiene casi un año desde que llegó aquí a Orotina, desde que llegó, lo hizo de forma prepotente, exigiendo cosas y demás; uno lo entiende porque es el jefe, pero hay algunas cosas como que se pasan del límite de la jefatura”, externó la fuente policial.
Según lo alegado por la persona denunciante, los presuntos favoritismos son parte del actuar de Solano en las funciones diarias.
“A los que son corruptos los defiende mucho y a los que realmente trabajamos los anda a mecate corto, tratando de persuadirlos. No es justo que a unas personas se les cierren las puertas y a otros vayan y hagan una certificación de que tiene tantos años de estar en un puesto, sabiendo que es mentira, para beneficiarse e ir hacer un curso de ascenso”, agregó.
Ante esta situación, varios uniformados han presentado sus inconformidades a instancias superiores, sin embargo dicen no ser escuchados.
“No hacen nada, hemos presentado las denuncias, pero no sé qué pasa, a nosotros también nos preocupa, no le preocupa el bienestar de la delegación”, enfatizó.
POCO CONTROL
Ante dicha denuncia, El Periódico de Más Venta en Costa Rica conversó con Minor Anchía, representante sindical de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), sobre la problemática que los propios uniformados han enfrentado en los últimos días.
“Estuve investigando y lo que me dicen es que se dan efectivamente unos tratos preferenciales para algunas personas que no están dentro del grupo de afinidad; reciben movimientos o traslados de boca sin cumplir con el acto formal que tiene que realizarse, una función administrativa y que debe quedar respaldo en el expediente personal y todo lo que dice la normativa”, indicó Anchía.
Para el representante sindical, la problemática radica en un tema de incapacidad de las jefaturas para administrar y realizar una sana gestión con el personal de trabajo.
“Este es un tema muy generalizado que está muy arraigado culturalmente a la Fuerza Pública, que digamos tiene ver de alguna manera con la incapacidad de algunas personas para la falta de talento, para administrar el recurso humano, pero también por otro lado con algo que se relaciona con la dificultad de la persona para interactuar”, amplió.
Según Anchía, el poco control que ejerce el Ministerio de Seguridad Pública para elegir quién dirija las delegaciones podría generar roces entre los uniformados.
“Muchos de estos problemas que se dan en las delegaciones es porque algunos directores regionales son personas incultas que, si usted los entrevista muestran una cara, pero en las delegaciones y en el contacto con los policías muestran su verdadera cara. Personas con un lenguaje vulgar, ni si quiera vamos a decir que es un lenguaje coloquial, que se dirigen al personal policías con altanería, con un vocabulario inapropiado, valiéndose del terror que sigue ahí todavía arraigado de no denunciar”, enfatizó.
TEMOR POLICIAL
Por su parte, Anchía expresó que dicha situación lleva a que no todos los oficiales de Fuerza Pública denuncien anomalías en sus lugares de trabajo ante el temor de ser removidos.
“Es algo irónico pero lo que asusta a los policías es el traslado porque si el policía tiene su familia en Orotina y habla o denuncia puede ser que eventualmente lo manden a Puntarenas, o lo manden a San José, Alajuela, fuera del casco central; entonces ya eso para el policía representa alejarse de su núcleo familiar y con eso es que atemorizan a los policías”, recalcó.
Sin embargo, el representante de ANEP muestra la preocupación que viven varios azules, la cual puede entablar conflictos más grandes.
“Por eso muchas veces se callan, muchas veces están sufriendo algún tipo de hostigamiento laboral y lo absorben y lo guardan; luego eso lo que hace es hacer un problema mayor”, mencionó.
SEGURIDAD EN PELIGRO
Otras de las preocupaciones que Anchía expresa es el tema de seguridad a nivel país que puede desencadenar un mal ambiente laboral.
“Cuando en una delegación no hay un buen ambiente laboral pierde la seguridad ciudadana, porque entonces los policías andan cabizbajos, andan hablando del tema, andan comentando”, explicó.
Para Anchía los intereses políticos han atentado contra la seguridad ciudadana, que se mantiene en números alarmantes de delitos.
“El Ministerio de Seguridad Pública se maneja con intereses políticos, el director general es removido, indistintamente hagan las cosas bien, o es mantenido en el cargo aunque sea un desastre. En la administración de don Guillermo Solís, un desastre en materia de seguridad, los picos más altos en materia de homicidios y seguridad ciudadana, pero el director ahí se mantuvo. ¿Por qué? Por temas políticos, no por eficiencia, no por capacidad, no por condiciones”, concluyó.