Condenados al déficit fiscal

Hace más de 100 años el filósofo estadounidense George Santayana escribió “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Aparentemente sobre Costa Rica pesa esa condena. En setiembre del presente año cumplirá 23 años el impuesto de ventas vigente del 13%. Mientras se tramitaba el proyecto de ley para aumentar la tasa […]

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Hace más de 100 años el filósofo estadounidense George Santayana escribió “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Aparentemente sobre Costa Rica pesa esa condena.

En setiembre del presente año cumplirá 23 años el impuesto de ventas vigente del 13%. Mientras se tramitaba el proyecto de ley para aumentar la tasa de un 10% al 13% actual sus proponentes hicieron uso de calificativos como “catastrófica” o “la situación no podría ser más grave”. Imagino que para los proponentes de aquel proyecto de ley sería una desilusión estar hoy en el año 2018 y ver que se encontraban equivocados; la situación sí podía ser más grave.

Resulta que en el año 1995 Costa Rica se encontraba en una crisis fiscal muy parecida a la que vivimos hoy 23 años más tarde. Al igual que en aquel entonces Costa Rica tiene un serio problema de gasto. A la fecha actual ya se supera el déficit que experimentamos en la anterior reforma fiscal y todo apunta al crecimiento del 8% del déficit. Lección reprobada.

De acuerdo con el más reciente Presupuesto aprobado por la Asamblea Legislativa, el gasto en salarios supera el 30%, pero de la misma forma como se atacó el problema en 1995 hoy pretendemos resultados distintos. 

El proyecto que se discute actualmente en la Asamblea Legislativa propone una sección robusta de ingresos en la que más destaca el nuevo impuesto al valor agregado, que gravará los bienes que ya son sujetos al impuesto de ventas vigente y adicionalmente grava servicios como peluquería, veterinario, salud y educación privada, entre otros.

En el mismo proyecto se incluye una sección que toca el gasto que en palabras de Luis Paulino Mora, viceministro de Presidencia, se ha incluido para dotar de legitimidad al proyecto. 

Este apartado reduce las anualidades al sector público (ignorando convenciones colectivas) al 1,94% sobre la base del salario y un impuesto a las pensiones que actualmente gozan 7 expresidentes y herederos de expresidentes.

Todo parece indicar que en unos años estaremos frente a una situación igualmente “urgente” y “catastrófica”, con la salvedad que ya no se tendrá el mismo margen para aumentar nuestra ya pesada carga tributaria. Si vamos a usar esos calificativos debería ser para recortar el gasto y así acabar con esta condena.

Hoy Costa Rica corre en el sentido contrario al progreso, corre por aprobar una reforma fiscal de ingresos que nos coloca en una mala posición de competencia. 

En la dirección correcta países como Estados Unidos (cuyas empresas tienen especial incidencia sobre la inversión extranjera directa) reducen sus impuestos o bien países que adoptan esquemas atractivos para la creación de empleos y crecimiento económico, como las zonas económicas especiales y modelos tributarios de fácil adopción y pago.

Muchas de las amenazas que señalan los defensores de estos nuevos impuestos como aumentos en tasas de interés son ciertas. Para evitarlas existen otros caminos que aún no hemos transitado. Una verdadera reducción del gasto es imperativa, pero acompañada de políticas de crecimiento económico que hagan a Costa Rica nuevamente un país competitivo. Haciéndolo así no solo resolvemos el déficit, así atacamos el desempleo y la pobreza. Estamos a tiempo de no vivir la condena de repetir la historia.