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Así quiero anunciar el trabajo que ya se perfila a lo interno del Observatorio contra el Comercio Ilícito de la Cámara de Comercio de Costa Rica bajo la dirección del economista Jason Chaves. Creo que hasta ahora no habíamos dimensionado en toda su proporción los efectos negativos que este tipo de delito – una modalidad más del crimen organizado – representa a nivel global y mucho menos cuando hablamos de nuestro entorno local.
De acuerdo con el estudio más reciente del Banco Mundial sobre este tema (2016), el 25% de la economía en nuestro país está constituido por algún tipo de economía informal, llámese productos falsificados, piratería, contrabando, subfacturación y otras que de una u otra manera atentan contra la legislación nacional e internacional, particularmente en relación con lo que a propiedad intelectual y patentes se refiere y que afectan de forma directa al sector empresarial y comercial en el país.
En ese mismo sentido, UNIMER ha señalado que un 35% de la población admite haber comprado artículos de contrabando y un 53% dice haber adquirido artículos “copiados” o provenientes de la piratería. Según este escenario, supondríamos que en más de la mitad de los hogares costarricenses podemos encontrar camisetas, carteras, medicamentos, cigarrillos, productos agroquímicos, licores y una infinidad más de cosas que han llegado hasta nuestros roperos y alacenas de forma ilegal. Tal vez usted nunca lo había pensado así, pero es la cruda realidad: cada vez que hasta una prensa de pelo con la cara de Mickey Mouse se vende sin contar con las licencias y permisos respectivos, tanto el vendedor como el comprador están incurriendo en una actividad ilícita.
Como todo delito, el comercio ilícito debe recibir un tratamiento integral tanto desde la perspectiva de la prevención – educando a la población desde las aulas, mediante campañas informativas y generando políticas públicas -, hasta el desmantelamiento de las estructuras organizadas que se dedican a fabricar, importar, envasar, distribuir o vender cualquiera de estas mercaderías.
Las autoridades de gobierno no pueden realizar este titánico esfuerzo sin el apoyo del sector privado; por tal razón, resulta imperativo que los distintos actores trabajen de manera coordinada y aporten su granito de arena hasta permear en la mentalidad del ciudadano promedio y comenzar así el necesario proceso de desintoxicación que requerimos en esta área.
Ojalá el nuevo gobierno venga con ganas de arrollarse las mangas para continuar con este importante trabajo y que sean muchos más quienes decidan poner coto al problema del comercio ilícito en Costa Rica mediante la unión de fuerzas, experiencia y conocimientos. Feliz martes a todos.