Cómo duele mi país

¿Cómo se sentiría una madre, si ve a su hijo al borde de un precipicio, o a punto de cometer un gravísimo error con consecuencias fatales? Creo que todos nos podemos identificar con el sentimiento de desesperación, impotencia, dolor profundo, ganas de hacer algo, cambiar las cosas, remediar el posible desastre.   

Lic. Juan de Dios Blanco Fonseca

¿Cómo se sentiría una madre, si ve a su hijo al borde de un precipicio, o a punto de cometer un gravísimo error con consecuencias fatales? Creo que todos nos podemos identificar con el sentimiento de desesperación, impotencia, dolor profundo, ganas de hacer algo, cambiar las cosas, remediar el posible desastre. 

Y si se tratara, no solo de alguien tan cercano como un hijo, sino también alguien de nuestra propia familia. O también ¿si fuera alguien tan solo de nuestro barrio, de nuestro grupo de amigos, de nuestra comunidad? O bien, ¿si se trata de nuestra patria, de la que tanto nos enorgullecen tantas cosas bonitas que tiene? Sus playas, su verdor, su idiosincrasia y todo lo que hace Costa Rica nuestra pura vida Costa Rica.

Así nos sentimos muchos costarricenses, personas comunes y corrientes, que durante muchos años nos hemos preocupado por educar a nuestros hijos, no solo para que sean felices, sino para que continúen haciendo de nuestro país, el mejor lugar para vivir. 

Nos sentimos así cuando se permite la fertilización in vitro en nuestro país, pues personas con muy buenas intenciones y otras no tan buenas, piensan que es un “avance” para nuestro país, siendo todo lo contrario. Es sencillamente, permitir que en nuestro país, en aras de procrear bebés muy deseados por sus padres (que está muy bien), en su intento, se morirán muchos otros costarricenses. Mi especialidad universitaria no es la medicina, ni creo que deba serlo necesariamente, para entender sencillamente que estos procedimientos necesitan la “creación” de muchos embriones para poder ser “exitosos”, y estos embriones no son otra cosa que personas. Es de sentido común, que un bebé de una semana posee el mismo potencial de ser persona que un bebé de 6 o 9 meses a punto de nacer. ¿No podemos pensar, que los médicos han “descubierto” que un bebé de 3 semanas todavía no es bebé? ¿Verdad que nos suena ilógico? 

La fertilización in vitro no solo abre el portillo para que los que están interesados en permitir también el aborto en Costa Rica, promuevan esta “idea” de que bebés pequeñitos todavía no son personas y por lo tanto se pueden descartar como se deshecha un quiste. Ahora resulta que los animales parece que tienen más derechos que las personas pequeñitas e indefensas.

Hemos estado muy orgullosos siempre de que en nuestro país se haya abolido el ejército, y estoy segura que todos nos pararíamos firmes cuando alguna entidad extranjera nos viniera a exigir que debemos tener ejército, porque es un derecho para las personas y sería privarles de su libertad no optar por pertenecer al ejército. De igual forma, nos deberíamos levantar, costarricenses, ante las entidades externas que nos digan que privamos de libertad a las parejas que desean tener hijos por no permitirles la fertilización in vitro. Todo lo contrario, les haríamos un gran bien, pues evitaríamos que mataran muchos hijos, ¡casi sin darse cuenta! Cómo duele…. Las madres que hemos perdido algún bebé, de forma natural, entendemos ese dolor. 

No soy una persona pesimista, soy muy optimista, creo firmemente que se pueden remediar situaciones como las descritas, de muchas formas. Estamos jugando peligrosamente en los bordes del precipicio, no solo con la aprobación de la fertilización in vitro, sino también con otras aprobaciones “civiles” que deterioran notablemente a la familia y por tanto a la sociedad costarricense. 

Curiosamente, nos venden la idea también bajo la bandera del “avance” y en aras del llamado “progreso humano” debemos aceptar que se llame bueno, a lo que por naturaleza, no es bueno. 

El equiparar uniones de personas del mismo sexo a la realidad de la institución matrimonial, no se le puede llamar “progreso” ni “apertura”, es equivocar el camino de una sociedad hacia el bien de todos y confío en que muchos costarricenses reafirman que el matrimonio de un hombre y una mujer, es el ambiente idóneo (de hecho, el único en que naturalmente pueden nacer hijos) para que nazcan y se desarrollen hijos felices. ¿Quién no quiere ser feliz? El grado de felicidad lo obtendremos en cuanto nuestros pasos se dirijan al bien para el cual fuimos hechos, de acuerdo a nuestra naturaleza. En la medida en que nuestros pasos se separen de ese bien, seremos profundamente infelices, pues en el fondo de nuestra inteligencia sabemos bien lo que nos conviene. 

Soy madre de cinco hijos adultos y adolescentes todavía. Quiero dejarles a mis hijos y a mis futuros nietos una Costa Rica mejor que muchos otros países que han optado por el susodicho “avance del progreso” y están en terribles condiciones moralmente. Ánimo, podemos hacer mucho, luchemos por defender nuestros valores fundamentales: la vida de todo ser humano es inviolable, la familia (formada por un hombre su mujer e hijos) es la célula de la sociedad, el matrimonio es de uno con una para siempre, la educación de los hijos es responsabilidad de los padres de familia… No nos dejemos arrebatar por pedacitos lo que ha hecho a Costa Rica un país digno de imitar.

 

*Ing. de sistemas, madre de familia