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Aunque parezcan tiernos e inofensivos, los gatos también tienen momentos de “defensa personal” o juegos bruscos que pueden terminar en una mordida o un arañazo. La buena noticia es que, con paciencia y constancia, se les puede enseñar a comportarse mejor sin recurrir a castigos ni maltratos.
Utilice objetos para jugar: Uno de los errores más comunes es usar las manos como juguetes. Al hacerlo, el gato aprende que morder o arañar la piel es parte del juego, sobre todo cuando es pequeño.
“Podemos usar las famosas cañas o ratones para despertarles ese interés de cazar y no enseñarles a jugar con partes de nuestro cuerpo, porque cualquier movimiento corporal lo podrían interpretar como juego y es ahí cuando vienen esos posibles arañazos”, recalcó Andrea Jiménez, médico veterinaria especialista en felinos.
Identifique los detonantes: Algunos gatos no toleran que les toquen ciertas partes del cuerpo, como la panza o la cola, o se sienten invadidos si se les alza constantemente. Es fundamental observar cuándo y por qué el gato reacciona con mordiscos o arañazos. Corregir la conducta implica entender su lenguaje y no forzar interacciones que no disfruta.
“Puede que haya algún dolor o incomodidad presente, ya sea por enfermedad o lesión. Por eso, revisarlos con un veterinario especialista es importante”, indicó Jiménez.
Refuerce los buenos comportamientos: Cuando el gato juega sin agredir, se deja acariciar con calma o muestra autocontrol, reforzar esa conducta con un premio, una caricia suaave o palabras amables ayuda a moldear poco a poco su comportamiento.
Andrea Jiménez Borrero,
médico veterinaria
“Los gatos evitan la agresividad en todo momento. Usualmente
comunican que algo no les gusta a través de un rasguño o mordisco, pero no hay que retarlos”.
