
En los inicios del XXIs los experimentos con candidatos (luego presidentes) outsiders, no han sido muy afortunados. Casos como: Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Donald Trump, Joe Biden (reincorporado), Pedro Castillo, Gabriel Boric entre otros han tenido gestiones gubernamentales que dejan mucho que desear. El actual proceso eleccionario colombiano no escapa de la situación anteriormente descrita. Pareciera que hay una suerte de fatiga por un marketing electoral que no termina de convencer a un electorado cansado de más de lo mismo.
En los últimos sondeos de opinión de la prestigiosa firma GAD3 para el canal RCN de Colombia, Rodolfo Hernández pasó del 50,4 al 48,1%, mientras que Gustavo Petro recorta distancia y pasa del 45,6 al 48,1%. Dos candidatos outsiders evidentemente opuestos ideológicamente, presentan un mensaje altamente populista, acaso más populista el de Hernández, controversial político, empresario, millonario, ex alcalde de Bucaramanga y de 77 años de edad, proclive al llanto fácil, altamente visceral y con expedientes abiertos ante la justicia colombiana. Petro, economista, senador, ex guerrillero y alcalde de Bogotá, fuertemente cuestionado por su profunda convicción de izquierda, menos visceral, mayor experiencia política y enjuiciado dos veces saliendo indemne en ambos juicios. En las elecciones de marzo pasado la bancada parlamentaria de Petro (Pacto Histórico) superó el 50%, lo cual de ganar Hernández tendría que atinar muy bien sus alianzas para su gestión de gobierno, cuestión que se agrava por no contar con un piso político consistente. El comportamiento en las últimas elecciones latinoamericanas, el vacío del mensaje de Hernández, la marcada polarización electoral, y citando aquel viejo adagio popular que dice: \”más vale diablo conocido que diablo por conocer\” pudieran ser considerados por el electorado como un “voto emocional” haciendo presumir un triunfo para Gustavo Petro. Es mi opinión.