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El cementerio Santo Domingo de Guzmán, en Barrio Jesús de Orotina, se inauguró en 1937, cuando apenas eran 2 mil habitantes, pero la población creció. Ahora ahí reposan los restos de muchos personas de ese cantón, entre ellos los de Juana Mercedes Naranjo, una niña de 2 años.
Conforme fue pasando el tiempo, muchos fueron llamados a la casa del Señor hasta que llegó el momento en que no quedaron espacios para sepultar a más. Además la mayoría de lápidas se encuentran muy deterioradas.
Según los ciudadanos, en un principio quienes le daban mantenimiento eran las autoridades de la Junta de Protección Social, luego pasó a manos de un grupo de vecinos.
Francisco Venegas, de 100 años y primer peluquero del barrio, recuerda muy bien cuando el camposanto abrió sus puertas. “Se han enterrado tantas personas que ahora he escuchado que colapsó”, comentó.
Los orotinenses no pierden la esperanza de que la municipalidad o las autoridades competentes les ayuden a solucionar este problema.
ENTRE RISAS
“Necesitamos un cementerio nuevo por el bienestar de todos. Lo cierto es que todos los días me siento en alguna banca del parque del barrio para ver pasar muchachas, tal vez alguna de ellas se enamora de mí y nos casamos. ¡Ja, ja, ja!”, añadió.