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David Valverde Méndez
Constitucionalista
En Costa Rica, antes de 1941, la atención médica de la colectividad era un asunto que en gran parte dependía de la caridad propia del espíritu cristiano que llegó con la colonización.
85 años después, en el corazón de la historia costarricense late una institución que transformó, transforma y transformará el destino de millones de vidas: la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Recordar sus orígenes no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino un acto de responsabilidad cívica y de profunda gratitud hacia una de las columnas vertebrales de nuestra identidad, nuestra estabilidad nacional, nuestra paz social y nuestro bienestar común.
La historia del Seguro Social en Costa Rica se comenzó a escribir a inicios de la década de 1940, impulsada por el pensamiento del Dr. Guillermo Padilla Castro y respaldada con firmeza por el presidente de la época, Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia.
La visión y el deseo de proteger a la población ante las contingencias y aflicciones de la vida cobraron forma tras un estudio del modelo chileno adaptado a la realidad de la Costa Rica de entonces. Con el aval técnico y el reconocimiento de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), el Congreso Nacional aprobó la Ley N.° 17, Ley Constitutiva de la CCSS, ejecutada el 1° de noviembre de 1941.
Del círculo de personas que integraron el Seguro Social en aquel primer año de vida, nació la idea de reformar la Constitución Política de 1871 para darle base firme a aquel. De allí surgió el movimiento que condujo a la promulgación del capítulo constitucional de las Garantías Sociales, introducido mediante la Ley N.° 24 del 2 de julio de 1943. Unos meses después, a través de su nueva Ley Constitutiva, del 22 de octubre de 1943, se dio la consolidación de la autonomía institucional, sentando las bases de un pacto social inédito en la región.
A lo largo de sus ocho décadas y media, la Caja no ha sido estática; su vida está marcada por constantes hitos de innovación orientados a adaptar y ampliar su cometido y el manto protector sobre las personas. Solo por citar algunos:
• Invalidez y pensión: en 1947 nace el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), un pilar fundamental para garantizar el retiro digno de la clase trabajadora, extendiéndose progresivamente desde los empleados públicos hasta los sectores agropecuario y privado.
• Universalización de la salud: en 1961, mediante la Ley N.° 2738 y la consecuente reforma constitucional, la salud dejó de ser un beneficio restringido para transformarse en un derecho humano obligatorio para toda la población, independientemente de su condición socioeconómica.
• Unificación hospitalaria: la aprobación de la Ley N.° 5349 en 1973 permitió a la CCSS asumir la gestión de todos los hospitales del país, consolidando una red nacional unificada de atención que centralizó la infraestructura médica.
• Atención primaria y comunitaria: en 1994 se implementó el modelo de los Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (EBAIS), un paso decisivo que acercó la medicina preventiva y curativa directamente a las comunidades y barrios de cada rincón del país.
• Pilar de jubilación y capitalización: la promulgación de la Ley de Protección al Trabajador N.° 7983 en el año 2000 reforzó la sostenibilidad del IVM y posicionó a la Caja como un actor clave en la recaudación del sistema de pensiones complementarias.
• Modernización digital y formalización: con la consolidación del Expediente Digital Único en Salud (EDUS) a partir de 2012, se revolucionó la gestión clínica institucional.
• Capacidad de respuesta ante la pandemia: la CCSS enfrentó uno de los mayores desafíos de su historia, demostrando capacidad de adaptación, transformación e innovación ante la crisis sanitaria provocada por el Covid-19, con un impacto positivo en la salud de la población.
• Empleo moderno: en años recientes, leyes clave como la del Trabajador Independiente (N.° 10.363) y las normativas de condonación de recargos han permitido adaptar el sistema a las dinámicas del empleo moderno, incentivando la formalización y ampliando la cobertura de cotizantes.
Más allá del marco normativo que la ampara, la grandeza de la Caja reside en su presencia cotidiana en la vida de cada una de las personas que toca, sea nacional o extranjera: en la llegada de un recién nacido en una sala de partos, en la abnegada entrega del personal médico frente a las crisis sanitarias y las emergencias nacionales, en cada medicamento entregado, o en la tranquilidad del adulto mayor que recibe su pensión. La CCSS es el reflejo más noble de una patria que eligió la solidaridad y la dignidad humana sobre la indiferencia.
El camino recorrido demuestra que la Caja posee una notable capacidad resiliente para renovarse y superar los desafíos financieros, demográficos y sociales de cada era. Pero ello depende del compromiso y el aporte de todos nosotros, desde cada ámbito de acción y responsabilidad.
Hoy, de cara al futuro, y dentro de este contexto, el llamado no es al conformismo ni al inmovilismo, sino a la acción y a la innovación continua. La institución debe ser disruptiva, debe seguir transformando su gestión, mejorando la calidad del servicio y garantizando su sostenibilidad para continuar sirviendo con oportunidad, dignidad y humanidad por siempre.