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A pocos días de haber comenzado oficialmente la campaña electoral y ante el panorama complicado que le espera a los candidatos presidenciales para convencer a los ciudadanos que sus propuestas no son las de siempre, no encontramos en las propuestas ninguna referencia a la estimulación del capital de riesgo en Costa Rica. No debemos confundir este tipo de capital con quehaceres de otros ámbitos, como son la banca para el desarrollo y la incubación de empresas. Estamos hablando de la posibilidad de que empresas con capital para invertir se involucren en el desarrollo de proyectos de grupos o empresas que dentro del sistema bancario nacional probablemente no sean sujeto de crédito, pero que representan una potencial idea de negocios o producto. De contar estas con el dinero, podrían enfocarse en salir a competir en el mercado, en lugar de luchar contra el proceso complejo y desgastante que conlleva la solicitud de financiamiento ante un ente bancario.
¿Por qué el capital de riesgo es importante? La mejor manera de responder a esta interrogante, nos parece, es con un ejemplo. Veamos brevemente el caso de Israel, en donde el capital de riesgo es ya una industria consolidada desde mediados de los años ochenta y que surgió como un mecanismo para potenciar el talento israelí en el campo de la alta tecnología. La iniciativa surgió en el ámbito privado, pero para 1993 ante el crecimiento sostenido y los resultados tan alentadores, el mismo gobierno tomó parte en el asunto y buscó promocionar esta actividad con incentivos fiscales para inversores extranjeros.
El resultado de tales decisiones e incentivos resultan en $1.9 billones invertidos en el 2008 y que para el 2011, veinte fondos de capital de riesgo israelí administraron para inversión $796 millones. No en vano a Israel se le considera en el ámbito de la alta tecnología, como el segundo centro de concentración de compañías de alta tecnologías más importante del mundo, ligeramente superado por el Valle del Silicio en California.
A la luz de los resultados expuestos y tomando en cuenta, que por más odiosas que sean las comparaciones, Israel es un país con mucho menos territorio y recursos naturales que Costa Rica. Pese a su situación geopolítica complicada y con un gasto permanente en defensa militar, ha podido encontrar espacio para la inversión de riesgo dentro de su política país. Aunque la mayoría de esta gestión ocurre en el ámbito privado, ha sabido bendecirla con incentivos y atractivos que no van en detrimento del país ni en beneficio de un grupo, sino en promoción de la innovación que a su vez estimule la economía.
¿Cuál es el motivo para no iniciar algo similar en Costa Rica? Atreviéndonos a responder, la falta de propuestas. Pareciera ser que los candidatos consideran como única forma válida de sacar al país de su crisis fiscal con más impuestos, reducción de beneficios y demás cortes que se les pueda ocurrir. Pero, ¿dónde queda ese espacio tan importante para aquellos jóvenes que tienen una idea que podría valer millones de dólares? Muchos de ellos se ven forzados a “huir” del país tachados de locos porque un banquero o analista de crédito no entiende su idea o no le ve ganancia a algo que no pueda embargar. Es una conclusión temprana, pero a los candidatos no les parece interesar la estimulación e invierten mucho tiempo en la persecución. El capital de riesgo merece un espacio, no solo por los resultados que podría generar, sino también por el derecho que tienen los ciudadanos de impulsar sus ideas y proyectos de la mano de un instrumento para el acompañamiento y no para el acoso económico. El capital de riesgo debería ser un eje central en los planes de crecimiento del país, los esbozos que hay en algunos reglamentos y leyes no son lo que necesitamos, necesitamos que lo tomen en serio.