“Campanas” copan rutas nacionales para el trasiego de las drogas

Mario Zamora, ministro de Seguridad Pública, asegura que por más esfuerzo que hagan la Fuerza Pública y demás cuerpos policiales por combatir el narcotráfico, existe un problema mayor, el cual ya está identificado y es la presencia de “informantes” o “campanas” en puntos donde se darán operativos. Agregó que ya tienen identificadas varias rutas, como […]

Mario Zamora, ministro de Seguridad Pública, asegura que por más esfuerzo que hagan la Fuerza Pública y demás cuerpos policiales por combatir el narcotráfico, existe un problema mayor, el cual ya está identificado y es la presencia de “informantes” o “campanas” en puntos donde se darán operativos.

Agregó que ya tienen identificadas varias rutas, como por ejemplo la que lleva al Cerro de la Muerte, la ruta 32 a Limón, la Costanera y la de San Carlos. 

“La presencia de campanas en rutas nacionales hacia Limón, hacia Zona Sur, hacia Guanacaste, advertían a las organizaciones del movimiento de la Fuerza Pública hacia esos sectores, entonces estas llamadas de alerta que hacen los campanas es lo que se da operando en los propios barrios.

Ese sistema de barrios se extendió a nivel nacional, pues sirve para monitorear el desplazamiento de contingentes policiales. Cuando van seis, siete carros en una dirección alertan al lugar para que cierta actividad criminal desaparezca y lo que hemos observado es que llegamos y no hay nada”, declaró. 

Para el jerarca de Seguridad Pública la situación se convierte en un dolor de cabeza pues estos antisociales alertan de la presencia policial y el factor sorpresa se pierde impidiendo la detención de los traficantes.

“Entonces cada vez que hay movimientos policiales importantes esas zonas se ponen sobre aviso si llegan contingentes policiales y de pronto desaparece la actividad criminal y reaparece en lugares donde no están los dispositivos policiales”, agregó. 

Zamora comentó que al menos en la ruta del Cerro de la Muerte hay suficientes elementos que dan aviso a los grupos criminales y simplemente no hay tantas rutas para escoger y llegar.

“Por ejemplo, al Sur, si no es por la Costanera, es por esta otra ruta. Es decir, esta es la posibilidad de llegar mediante avance no lineal, que es vía aérea o vía marítima. Esto implica el uso de recursos que no disponemos para llegar en número suficiente a las áreas de manera sorpresiva”, manifestó.

 

“SER CAMPANA NO ES ILEGAL” 

 

Uno de los problemas que enfrentan las autoridades es que ser “campana” no representa un delito, por lo cual el análisis es legal.

El criminalista Bryan Sandí nos da un ejemplo del tipo de perfil que muchas veces las organizaciones utilizan para “robarles la vuelta” a los operativos, burlando a la policía.

“El tema de los campanas viene desde los años 80. Inclusive ponen personas, normalmente indigentes, con comunicación radial, teléfono o inclusive por señas para que avisen a la venta de drogas o al sitio donde están los artículos robados guardados cuando la policía va a entrar a hacer operativo.

El problema es que no es ilegal ser campana. Uno no puede quitar a una persona de una esquina; es decir, no está cometiendo ningún delito”, explicó el experto. 

Para el analista mientras no haga un cambio en la ley, probablemente la situación no va a cambiar, pues tampoco es delito ser campana.

“Hay un problema jurídico muy grave, ya que ni siquiera se puede privar de libertad a la persona si no hay indicio comprobado de delito. Si no se comprueba que la persona está trabajando como parte de la estructura criminal, no se puede privar de libertad.

Incluso si la patrulla llega y lo detiene, cuando el grupo criminal ve que ya no está el campana en la posición normal destruye la droga, destruye la evidencia o se da a la fuga, entonces sí es un problema recurrente, ya que todas las ventas de droga y sitios donde se almacena dinero, armas y artículos robados o gente con orden de captura utilizan campanas para dar aviso cuando las autoridades van ingresando”, agregó.

 

MENORES, LOS MÁS COTIZADOS 

 

Según fuentes judiciales, los menores de edad son muy cotizados debido a la falta de oportunidades, sobre todo en barrios marginales donde los niños y jóvenes no tienen un hogar establecido.

Los expertos aseguran que poco a poco las bandas se ganan a sus reclutados con tenis, ropa cara y hasta vehículos, y uno de los primeros trabajos que les asignan es ser campanas para luego pasar al crimen organizado y otras tareas.

Además, señalan que los criminales aprovechan esta vulnerabilidad para acercárseles y ofrecerles un lugar de pertenencia, a cambio de que formen parte del grupo.

Primero los colocan como campanas; es decir, se encargan de alertar de cualquier movimiento policial o de cualquier acercamiento de rivales.

Luego les permiten escalar hasta que, generalmente con la mayoría de edad, se convierten en vendedores de drogas, traficantes de armas y hasta sicarios.

Hacen una carrera delincuencial, todo a cambio de drogas, dinero y poder, pero sobre todo lo hacen porque aquella banda es su familia, por la que no dudan en dar la vida.

“Buscan chicos de barrios urbanomarginales que tengan desintegración familiar, que no tengan oportunidades de estudio, de trabajo ni de superación, que estén de vagos.

Empiezan a reclutarlos con regalos, les dan una familia, una segunda familia, un grupo que los acepta, que los quiere entre comillas, que viene a suplir la falencia del núcleo familiar y terminan siendo adoptados por la estructura criminal.

Básicamente así es como se crea la estructura de pandillas. Las pandillas son la familia adoptiva que no tuvo el menor en su casa”, relató Sandí.