Cambio climático y abejas

El término “cambio climático” se relaciona con infinidad de áreas del quehacer humano. No se limita únicamente a largos días de calor o a las sequías que azotan a distintas regiones del mundo con su nefasto efecto en las cosechas, cuya caída en la producción genera migraciones internas y transfronterizas, dispara el desempleo y por ende el empobrecimiento, y contribuye en gran medida a la desaparición de agentes polinizadores como las abejas.

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El término “cambio climático” se relaciona con infinidad de áreas del quehacer humano. No se limita únicamente a largos días de calor o a las sequías que azotan a distintas regiones del mundo con su nefasto efecto en las cosechas, cuya caída en la producción genera migraciones internas y transfronterizas, dispara el desempleo y por ende el empobrecimiento, y contribuye en gran medida a la desaparición de agentes polinizadores como las abejas.

¿Qué tiene que ver la reducción del número de abejas con el cambio climático? Desafortunadamente guardan una relación estrecha; mucho más cercana de lo que se quisiera.

Las zonas con plantaciones atractivas para estos polinizadores se han visto severamente afectadas por el cambio climático, pues la pérdida de sus hábitats y el calentamiento global que adelanta el florecimiento de la vegetación obliga a las abejas a buscar alternativas al polen y néctar que conforman su alimentación, altera sus ciclos reproductivos y disminuye y la producción de miel. Este hecho se agudiza conforme pasa el tiempo y nos quedamos de brazos cruzados. Si bien es cierto no es el único factor que tiene una incidencia directa en la gravísima disminución de éstas, sí parece ser el que menos atención recibe. Históricamente, las abejas han enfrentado a su peor enemigo natural en la forma distintos virus dentro de los que se destaca la varroasis, enfermedad causada por un ácaro similar a la garrapata y que absorbe la hemolinfa (sangre) de larvas y abejas, llegando a matar grandes cantidades de estos individuos. En menor escala se encuentran también el hambre y la malnutrición de las abejas, la agricultura intensiva y el mal uso de pesticidas. 

Las abejas juegan un papel preponderante en el plano del equilibrio ambiental y de la cadena alimentaria en el desarrollo de ecosistemas con más biodiversidad, pues su acción polinizadora no se circunscribe a los cultivos hechos por el hombre, sino que incluye una inmensa variedad de plantas. Ellas polinizan aproximadamente el 35% de lo que sembramos, con un valor estimado que supera los 40 mil millones de dólares al año. Su desaparición se ha denominado “síndrome de desaparición de colmenas” y se consideraría un terrible desastre biológico que nos llevaría, entre otras cosas, a tener que realizar la polinización manual de nuestros cultivos.

La próxima vez que vea una abeja, piénselo dos veces antes de matarla; esa pequeña trabajadora contribuye en gran medida a proporcionar el alimento que se sirve en su mesa y en la mía.