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“Esta es una oportunidad para abrir los ojos, tomar decisiones valientes y pasar del discurso ambientalista a la acción ciudadana y gubernamental”
Una advertencia urgente acaba de poner a Costa Rica en el centro del mapa climático global.
El informe conjunto del World Weather Attribution, Climate Central y el Centro del Clima de la Cruz Roja revela un dato alarmante: los días de calor extremo en el país se han disparado en un 614%, superando incluso a gigantes latinoamericanos como México y Argentina.
La diferencia es dramática. Según el estudio, sin la influencia del cambio climático inducido por el ser humano, la persona promedio en Costa Rica habría experimentado apenas 14 días de calor extremo. En cambio, el registro real muestra un incremento mucho mayor.
Este fenómeno no es una exageración técnica ni una curiosidad estadística. Es, como lo calificó el ambientalista Marco Levy, una señal de alerta roja. Y no solo por el impacto ambiental, sino también por las consecuencias directas en la salud de la población.
El calor excesivo no solo causa sudoración, calambres o mareos: puede derivar en golpes de calor, deshidratación severa, y en casos extremos, muerte. Afecta con mayor intensidad a niños, adultos mayores, trabajadores al aire libre y personas con enfermedades crónicas.
Aunque Costa Rica ha sido reconocida por sus políticas de conservación y su matriz energética limpia, estos esfuerzos no son suficientes si no se integran a un verdadero plan nacional de adaptación. Las cifras del informe confirman que el cambio climático no es futuro: es presente, y ya está golpeando nuestras puertas.
El desafío no solo le compete al Ministerio del Ambiente o a instituciones técnicas. Nos interpela como sociedad. ¿Qué estamos haciendo desde nuestras casas, barrios, centros educativos y espacios públicos para adaptarnos y mitigar este fenómeno?
¿Estamos gestionando correctamente el consumo energético, promoviendo espacios verdes urbanos, educando a las nuevas generaciones, y exigiendo que las políticas públicas incluyan criterios climáticos serios?
No se trata de sembrar pánico, sino de asumir con responsabilidad una realidad que, de seguir ignorándose, comprometerá la salud, la economía y la calidad de vida de toda la población. Esta es una oportunidad para abrir los ojos, tomar decisiones valientes y pasar del discurso ambientalista a la acción ciudadana y gubernamental con visión de futuro.