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Antes de la segunda ronda, en la que resultó electo Carlos Alvarado como presidente de la República, la reconocida calificadora de riesgo Fitch Ratings aseguró que el panorama para el país se tornaba incierto y desconcertante.
Hasta subrayó de forma contundente la urgencia de lograr que se aprobara una reforma fiscal, pues de lo contrario se avecinaba una crisis de magnitudes inimaginables.
Pero lo dicho por esta calificadora no era nada nuevo, desde hace varias Administraciones, cuatro al menos, se nos vino alertando del problema financiero que aquejaría el país.
Esas calificaciones, no solo de Fitch, sino también de Moody’s y Barclays, fungieron como el mecanismo de tortura, para decirlo de alguna forma, que emplearon gobernantes y aspirantes, con la intención de asustar a propios y extraños, para meternos el golazo de aprobar más impuestos.
Los informes de las mentadas empresas se difundían hasta en las páginas oficiales del Gobierno de turno, incluido el de Luis Guillermo Solís, y las mencionaba Carlos Alvarado mientras anduvo buscando votos en las Caravanas de la Alegría.
Cada vez queda más claro que las advertencias de las calificadoras se constituyeron en el arma contra la sien derecha que usaron los políticos para presionar la aprobación del paquete fiscal, el cual en su momento el mandatario Alvarado, siendo candidato, llamó insignificante, y tenía razón, pues no abona en mucho al problema de liquidez que tenemos.
Don Carlos llegó a sentarse a la silla de la Casa Presidencial con los informes de las calificadoras bajo el brazo, repitiendo una y otra vez que en los mercados externos nos hacían feo y eso podía componerse solamente con una reforma a los tributos. Fue así como, en medio de grandes protestas sociales, hace un año se dio la aprobación a brincos y saltos, de modo que el costo de la vida aumentó, pero el Gobierno sigue gastando plata a sus anchas, porque fue mejor zocar la faja ajena que la propia.
Qué olvidadizos podemos volvernos los seres humanos cuando algo nos conviene, qué doble moral pueden tener los políticos en su función; se nota cuán cierto es el dicho de que cada quien está donde mejor caliente el sol, sino que lo diga el presidente Carlos Alvarado, pues un día sí, y otro también, se desdice en sus posturas como si sus gobernados tuviéramos mente de teflón.
Hace tan solo un par de días se dejó decir literalmente que las recomendaciones de Moody’s sobre el salvamento no le importaban, justo cuando le advierten que su famoso plan puede poner en riesgo a los bancos del Estado, pues recibirían deuda mala.
De manera contundente, Moody’s subrayó que el salvamento generaría problemas, pues las entidades bancarias deberán ofrecer créditos de muy largo plazo, a tasas muy bajas para clientes de muy alto riesgo respecto al sistema, pues están sobreendeudados.
Y aun cuando esta posición no la advierte únicamente la calificadora, sino que también lo señalan expertos nacionales, el Gobierno de Alvarado y compañía, con la ministra Pilar Garrido como representante, insiste en que adoptar la directriz de readecuación de deudas no hará ni cosquillas al Sistema Financiero Nacional.
Entonces, se desdice el mandatario: “no deposito mi confianza en las calificadoras”, ahora que estas le ponen en evidencia el yerro de su afamado plan, el cual se considera selectivo, discriminatorio y acomodado para los empleados públicos, cuando muchos de ellos han sido hasta irresponsables en el manejo de sus ingresos.
¿Cómo se entiende que el mandatario tenga la capacidad de desdoblarse y trate ahora de invisibilizar las recomendaciones de Moody’s, si en tiempos anteriores su partido y él mismo usaron los datos derivados de estos informes para sembrar miedo a ciudadanos y empresarios, para lograr meter los impuestos, para decirnos que el barranco estaba a solo unos pasos?
Solo podemos pensar que la complacencia del Gobierno es tal que, ante las críticas, muestra una total incapacidad de revisar y analizar el plan. Es tal la necesidad de figurar que no dan cabida a la opinión de los conocedores y esto provoca temor, porque esa miopía y vanidad que proyecta el presidente podrían llevarlo a dar pasos en falso, en detrimento del aún robusto Sistema Financiero Nacional. Eso si estuviéramos pensando bien…
Porque, si pensáramos mal, podríamos preguntarnos qué planes espurios o jugarretas macroeconómicas planean las autoridades. ¿Será que, por algún motivo desconocido para los ciudadanos ahora sí les conviene a algunos, los que todo lo tienen y manejan en el país, socavar la economía nacional desde sus cimientos para generar hasta un desastre financiero de proporciones griegas o españolas mediante uno de los conocidos “errores” a los que, desde esta era de gobiernos PAC de moral elástica, nos tienen acostumbrados? ¿Se estará fraguando un Cementazo 2? ¿O simplemente se pretende favorecer a la banca privada con operaciones cuestionables?
Y casi podemos ver luego a todos los jerarcas echándose el churuco, “yo no fui, fue Teté”, después de un rato alguien renunciará para nunca tener consecuencias por sus actos y el resto del pueblo al despeñadero, viendo cómo se acomoda para un programa de salvamento (de esos de verdad, impuestos por potencias) de lo que antes fuera un Estado de bienestar en la Suiza centroamericana… O nos preguntaremos, viendo para el ciprés, cómo se esfumaron millones de dólares a paraísos fiscales, de esos que no se regularon para el plan fiscal… Y en ese momento, a quien no veremos será al mandatario, que desaparece cuando los vientos son desfavorables.
Pero bueno, quizá exageramos… y no queremos pensar mal… Solo que, ante el desconocimiento de la agenda gubernamental, en un régimen que informa lo que quiera a quien mejor se lo presente hasta en el más básico de los temas, la mente llega a ponerse suspicaz y muy creativa.
Pero esto sí debe quedar claro: el plan de salvamento que proponen las autoridades posiblemente no sea malintencionado, pero sí fantasioso, genera falsas expectativas entre los deudores, parece estar diseñado para unos cuantos y, aun cuando los bancos tuvieran la disposición para readecuar deudas, ciertamente las leyes impiden prestar dinero sin mayores garantías.
Y esperamos que de veras logren una medida más aterrizada, porque si no llega la ayuda que tanto necesitan muchos ticos con el agua hasta el cuello, todo habrá sido en vano. Claro, si el asunto no va aparejado de otras medidas que pongan en cintura a los usureros, todo habrá sido para tomarse más selfis.
Es necesario que en Zapote dejen la soberbia de lado y, en un trabajo conjunto, tras analizar a conciencia y sin prejuicios los pros y contras de aplicar una iniciativa como esta, y hasta conociendo experiencias en otras latitudes que puedan acoplarse a la realidad nacional, se revise la directriz y el famoso proyecto de ley, pues hace rato la patria no está para pérdidas de tiempo ni de recursos.