
Se ha dado una gran cobertura a través de los medios de comunicación sobre la exhibición del maestro Fernando Botero en la Galería Nacional. Curadores colombianos nos ilustraron sobre el particular estilo que caracteriza la obra de quien es considerado como uno de los artistas vivos de mayor renombre a nivel mundial.
En esta muestra, el maestro Botero invita al espectador a reflexionar sobre el drama y la pasión de Cristo, en un contexto contemporáneo en el que uno se identifica con el paisaje latinoamericano, en el que, en lugar de guardias romanos son militares los que lo azotan a un Cristo vencido y profundamente humano; un Jesucristo despojado de su divinidad rodeado por una muchedumbre que se muestra indiferente a su dolor; un Cristo cuyo sacrificio y crucifixión son vistos con total indolencia por aquellos que continúan su paseo por Central Park.
Sí, la Pasión de Cristo es una obra sobrecogedora con la que Botero hace un llamado a la conciencia de los espectadores que no pueden permanecer ajenos a su mensaje.
Muchos nos han preguntado qué significa para la Galería Nacional, del Centro Costarricenses de Ciencia y Cultura (CCCC), tener esta, la única exhibición itinerante de Botero, en San José, convirtiendo nuestra capital en una de esas 11 ciudades del mundo que han tenido ese singular privilegio.
En una primera reacción podemos decir que es un honor ser la sede de esta extraordinaria exhibición y a la vez, representa un orgullo haber podido concretar la presencia de Botero en Costa Rica tras dos años de negociaciones con el Museo de Antioquia, apoyados siempre por el Señor Embajador de Colombia.
Sin embargo, y más allá de un sentimiento de legítimo orgullo, prevalece también un sentimiento de satisfacción haber podido superar los escollos, las limitaciones y la negatividad que suele acabar con las iniciativas aún antes de ponerlas en marcha.
En el Centro Costarricense de Ciencia y Cultura estamos acostumbrados a sobreponernos a esa negatividad y sabemos que conseguir los recursos para financiar los proyectos no es fácil, pero tampoco imposible. Creemos que los sueños se pueden hacer realidad porque estamos hechos de sueños que se han concretado gracias al esfuerzo, el trabajo y el compromiso de quienes por más de 25 años han laborado en el Museo de los Niños y el apoyo de quienes, al igual que nosotros, creen que la cultura, el arte y la educación son alimento para el alma.
En el marco de la celebración de los 25 años de nacimiento del CCCC nos propusimos ofrecer al público costarricense una exhibición de calidad mundial, no solo porque creemos en la importancia de exponer a nuestros visitantes a experiencias que los acerquen a otras culturas y les permitan admirar otras formas de pensar el arte y concebir la realidad, sino porque queremos contagiarlos de optimismo, porque queremos que dejen a un lado el pesimismo y comprueben que los costarricenses somos capaces de alcanzar cualquier meta que nos propongamos, por imposible que parezca.
Hemos caminado un largo trecho desde aquella primera exposición de Escultura de Lachner y Sáenz, convencidos que además de ofrecer arte y cultura podemos ser referente de excelencia en el trabajo y capacidad para hacer frente a los retos; podemos ser inspiración y fuente de conocimiento para las nuevas generaciones, vínculo con nuestras mejores tradiciones y promotor del arte, la ciencia y la cultura en Costa Rica.
El Viacrucis: Pasión de Cristo es nuestro regalo al país en momentos en que debemos recobrar la confianza en nosotros mismos, la fe en nuestra capacidad para resolver cualquier reto y la certeza que juntos podemos alcanzar cualquier sueño. Sueños como el de tener Botero en la Galería Nacional.