“Blancos y negros, todo mezclado”

Opinión

Fecha de publicación:

Fecha de modificación:

Luis Guillermo Solís Rivera

Expresidente de la República

Así se intitula el extraordinario texto de la escritora Tatiana Lobo y el filólogo y genealogista Mauricio Melendez, de la población del Cartago colonial y la Patria posterior. Y como hoy es 31 de agosto y conmemoramos el Día de la Persona Negra y la Cultura Afrocostarricense, es bueno recordar como Costa Rica, por encima del racismo y de sus nefastas manifestaciones que todavía imperan, se constituyó como República gracias a los aportes  multiétnicos de diversas poblaciones, siendo las dominantes pero no únicas por supuesto, la criolla (esencialmente española), la indígena, la afro y sus diversas mezclas. Y también todas las demás, que con el tiempo y de forma gradual, acrisolaron lo que somos para honra y gloria de nuestros ancestros.

Mucho habría que decir sobre este “menjunje racial” que afortunadamente ya se ha ido desmitificando. Lo primero es que no fue aquello un encuentro entre iguales. O mejor dicho, que nunca hemos sido tan “igualiticos” como nos encanta repetir. 

La población negra e indígena, junto a sus descendientes, fue esclavizada, discriminada, separada y violentada por los blancos, criollos y mestizos, independientemente de las disposiciones legales al efecto. También lo fueron, posteriormente, los inmigrantes negros afroantillanos que llegaron a Costa Rica para trabajar en las plantaciones bananeras y la construcción del ferrocarril. Las condiciones de vida de esas poblaciones fueron deplorables, y su efectiva segregación un hecho que, detestable, no aminora ni se borra con la aparición de la Virgen de los Ángeles a una negrita igual que ella, en la Puebla de los Pardos, que en aquel tiempo quedaba, no por accidente, “lejitos” de los barrios gachupines de Cartago. No es cierto tampoco que la población negra de Costa Rica fuese un “punto y aparte” en la sociedad colonial y republicana. Es ahora bien conocido como las familias, incluso las más emperifolladas y presuntamente de ascendencia “europea” de la sociedad nacional, tuvieron ancestros negros que muy a pesar de los frondosos árboles genealógicos de los que muchas señoras y señores hacían gala, terminaron injertándose en sus ramas dando muchos y dulces frutos que no se han podido disimular por grandes que sean sus ínfulas coloniales. La irrigación poblacional afrodescendiente fue también significativa. Concentrada primero en Cartago y la Bajura guanacasteca adonde llegaron los esclavos negros a quienes sus dueños encargaron el cuido de sus ganaderías, también se afincaron posteriormente en las cálidas y feraces tierras del Caribe. Y lo hicieron con profusión de aportes culturales, desde la música y el idioma hasta la gastronomía, porque tampoco es cierto que la negritud nacional estuviera compuesta solo por personas dedicadas a oficios de “baja entalpia”, como lo demuestran sus intensas actividades comerciales que competían con ferocidad y buen suceso, en los mercados tanto del Valle Central como de Limón y otras regiones del país. Sin ir más lejos, mi bisabuela María Taylor y su marido vinieron siendo comerciantes de Jamaica en busca de mejores horizontes económicos a finales del siglo XIX, y dos de sus hijos, hermanos de mi abuela Eugenie (“Miss Genie” como afectuosamente la llamaban sus vecinos y conocidos, nacida en Kingston en 1888) John y William Allen, ya nacidos en Costa Rica, fueron propietarios de un importante comisariato en Turrialba. John, además, fue presidente municipal de ese cantón. 

La población afrodescendiente de Costa Rica es una joya que refulge en nuestra historia y me emociona celebrarla. Y no solo porque forme parte de ella, algo que cae por su propio peso. Lo digo porque desde aquellas remotidades temporales a hoy, sus aportes se han multiplicado en las ciencias, las artes, la literatura, los deportes, la política, la vida espiritual y el mundo empresarial. Esos aportes son el fruto de muchos dolores, desencuentros y marginaciones, pero también de una generosidad sin límites, del talento y el trabajo duro de muchas generaciones.  ¡Cuánto me alegra saber que, más allá de todo complejo, en Costa Rica seguimos estando, blancos y negros, todos revueltos!