
Tras la polémica que mantiene enfrentado al Banco Central con la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef), hay una pregunta que muchos se hacen.
Y es que, como lo publicamos aquí, la entrega de información sobre créditos bancarios surgió justo de una necesidad de segmentar estadísticas asociadas a riesgo de cambio climático.
Resulta que organismos internacionales consideran que este tipo de eventos pueden modificar el perfil de riesgo de los deudores y eventualmente materializar riesgos de crédito en el sistema financiero.
Es el caso del Fondo Monetario Internacional (FMI), precisamente quien hace la solicitud a Costa Rica. Se habla de que estas situaciones pueden impactar de manera distinta por país y zona geográfica.
Uno de estos riesgos es que, en caso de que los desastres naturales causados por el cambio climático sean subestimados por las compañías aseguradoras, el estrés financiero puede ser aún mayor para los bancos y otras entidades financieras.
Esto sin hablar de los efectos que pueden tener sobre la inflación y el crecimiento de la producción en una economía como la nuestra.
De ahí es que se pide al Banco Central levantar una base de datos para contar con información. Sin embargo, debemos reconocer que sí le ha costado al ente emisor comunicar el mensaje de manera correcta.
A veces falta modificar el lenguaje para que, de manera más aterrizada, el ciudadano de a pie pueda comprender cuál es la intención de una institución cuando se habla de recabar su información de manera individualizada.
Los vacíos en la comunicación pueden ser peligrosos y tienden a generar situaciones donde los ganadores parecen los perdedores y los perdedores se creen los ganadores. Así de delicado es el tema de imagen.
Más aún cuando saltamos del cambio climático a un cruce de información con la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y la Dirección General de Tributación.
Después nos hablan de que necesitan identificar qué personas físicas y jurídicas compran dólares y nos preguntamos: ¿para qué quieren toda esa información?
Lo cierto es que, si no existe claridad, las personas comienzan a desconfiar en esta o cualquier otra situación. Y, nos guste o no, sea apropiado o no el requerimiento de información, al Central sí le ha faltado claridad.
Sabemos que, por más de 15 años, el Banco viene resguardando información superdelicada de todos los costarricenses y nunca se ha hecho una filtración de los datos.
Antes de este episodio de los datos crediticios, existía el terror del Registro de Accionistas. ¿Y por qué depositar la información en el Banco Central?, decían algunos, hasta que finalmente dejaron de oponerse.
Si bien en el ente emisor trabaja mucho personal técnico, lo cierto es que, cuando se trata de un tema tan sensible, no podemos escudarnos en que un caso está judicializado para no dar explicaciones.
Allá afuera hasta han llegado a comparar la obtención de datos con una nueva UPAD y todo esto responde a la falta de una correcta transmisión del mensaje. ¿No lo creen? Porque una cosa es que el caso se haya judicializado y otra que no le expliquen a los ticos para qué quieren su información crediticia.