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La abundante liquidez que mantiene el sistema financiero llevó al presidente del Banco Central de Costa Rica (BCCR), Róger Madrigal, a descartar que exista una justificación para reducir el encaje mínimo legal, una medida que liberaría más recursos para los intermediarios financieros, pero que no necesariamente se traduciría en un aumento del crédito.
Durante la discusión del Informe Mensual de Coyuntura Económica de setiembre, Alonso Alfaro, economista jefe del BCCR, informó que el excedente en el Mercado Integrado de Liquidez (MIL) ronda los ¢600 mil millones.
La cifra corresponde a los recursos líquidos que las entidades financieras tienen disponibles después de atender sus necesidades inmediatas de fondos y que pueden colocar en operaciones de corto plazo dentro de este mercado.
Estos recursos pueden utilizarse para prestar dinero a otras entidades financieras, mantenerse como depósitos en el Banco Central o canalizarse hacia créditos para hogares y empresas, siempre que existan demanda solvente y condiciones adecuadas de riesgo, liquidez y rentabilidad.
Madrigal señaló que, pese a las condiciones disponibles para colocar préstamos, algunas entidades reportan una demanda insuficiente de financiamiento. Por eso, consideró que liberar más recursos mediante una reducción del encaje no resolvería el problema actual.
“Con los excesos de liquidez que hay, no hay ninguna razón que justifique la reducción del encaje y, entonces, y hablando con algunos bancos, ellos hacen una gestión activa con los clientes grandes para colocar crédito y dicen que no hay apetito de crédito en este momento, a pesar de ciertas condiciones que ellos consideran que podrían ser favorables”, manifestó el jerarca de la autoridad monetaria.
El encaje mínimo legal es la proporción de los depósitos que las entidades financieras deben mantener como reserva. Reducirlo permitiría disponer de más recursos para otras operaciones, entre ellas, la concesión de préstamos.
Sin embargo, el economista jefe del BCCR, Alonso Alfaro, recordó que en 2019 se aplicó una reducción que generó una disponibilidad de ¢300 mil millones en recursos directamente en el MIL.
“En ese momento no se observó algún cambio en la dinámica de la actividad económica y como usted dice, en este momento hay liquidez, alguna reducción del encaje lo que haría sería incrementar esta liquidez y lo ideal sería que eso se traduzca en algún incremento del crédito de la economía que tenga un efecto sobre el crecimiento económico por esa vía, por el canal tradicional”, indicó Alfaro.
El economista añadió que el problema actual no es la falta de recursos disponibles en el mercado financiero. Según expuso, diariamente circulan alrededor de $1.300 millones en ese mercado.
Alfaro también advirtió que trasladar más recursos al MIL tendría un costo financiero para el Banco Central, debido a que debe remunerar los depósitos que permanecen en ese mercado. Por ello, consideró que reducir el encaje no parece ser el mecanismo relevante para modificar el comportamiento del crédito en las condiciones actuales.
La discusión sobre la liquidez coincidió con el análisis de la transmisión de la política monetaria hacia las tasas que pagan los ahorrantes y las que cobran las entidades por los préstamos.
Desde el inicio del ciclo de reducción de la Tasa de Política Monetaria (TPM), los movimientos se han reflejado de manera desigual en los indicadores del sistema financiero.
Alfaro detalló que, durante ese proceso, la TPM acumuló una reducción de 600 puntos base. En ese mismo periodo, la Tasa Básica Pasiva, que se utiliza como parámetro para varios créditos en el país, disminuyó 311 puntos base.
Por su parte, la Tasa Pasiva Negociada, es decir, los rendimientos que reciben los costarricenses por sus ahorros, bajó 475 puntos base.
La Tasa Activa Negociada, que corresponde al promedio de las tasas de interés cobradas por las entidades financieras, se redujo en 202 puntos base.
La transmisión hacia las tasas activas ha sido parcial y variable según el periodo utilizado para la comparación. Alfaro indicó que, entre julio de 2025 y setiembre de 2026, la Tasa Activa Negociada cayó 23 puntos base. En su análisis, la reducción acumulada representa alrededor de una tercera parte de la disminución de la TPM durante todo el horizonte, mientras que en el último año equivale a cerca de una cuarta parte.
El comportamiento tampoco ha sido uniforme entre las distintas modalidades de crédito. Según el informe presentado a la Junta Directiva, algunas actividades registraron reducciones en las tasas, mientras que otras mostraron aumentos, en particular los préstamos de consumo con tarjeta y sin tarjeta, segmentos que tienen un peso relevante en la cartera crediticia.