
Dra. Gabriela Mora Benavides
Psicóloga clínica-forense y victiminóloga forense
En los últimos días ha surgido una discusión recurrente: si las condiciones penitenciarias en Estados Unidos son mejores que en Costa Rica.
Sin embargo, este enfoque deja de lado un elemento fundamental que, desde la psicología clínica-forense, resulta indispensable considerar.
El impacto psicológico del proceso penal no inicia con el ingreso a prisión.
Comienza antes. Inicia con la detención, se intensifica con la exposición pública y se profundiza con la pérdida progresiva del control sobre la propia vida. La incertidumbre jurídica, el señalamiento social y la ruptura del rol personal y profesional generan un desgaste emocional significativo, incluso antes de que exista una privación formal de libertad.
Cuando una persona finalmente ingresa a un centro penitenciario, no lo hace en condiciones psicológicas neutrales. Llega tras un proceso acumulativo que puede incluir ansiedad, alteraciones del sueño, pensamientos persistentes y una afectación en su identidad. A partir de ese punto, el sistema penitenciario en el que se encuentre introduce un nuevo tipo de impacto.
En contextos como el estadounidense, caracterizados por un alto nivel de estructura y control, la afectación suele manifestarse en términos de restricción de la autonomía, reducción de la toma de decisiones y adaptación a dinámicas institucionales rígidas. En sistemas con mayores limitaciones estructurales, como ocurre en parte del contexto nacional, el impacto se relaciona más con factores ambientales, como el hacinamiento y la presión del entorno.
Se trata, en ambos casos, de formas distintas de afectación psicológica.
Por ello, la discusión no debería centrarse únicamente en cuál sistema ofrece mejores condiciones materiales, sino en comprender que la privación de libertad implica un proceso complejo que comienza antes del encierro y continúa durante toda la ejecución de la pena.
Incorporar esta mirada permite una comprensión más integral de la persona sometida a un proceso penal y, por ende, una aproximación más humanizada y técnicamente fundamentada de la justicia.
Porque la justicia no solo decide sobre la libertad: también incide, de manera profunda, en la estructura psicológica de quien la enfrenta.