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En un contexto marcado por una inflación negativa del -0,12 % y una tendencia descendente, según el Índice de Precios al Consumidor (IPC), diversos economistas coinciden en que el Banco Central de Costa Rica (BCCR) debe actuar con prontitud.
Los expertos señalan que la coyuntura económica actual permitiría una reducción en la Tasa de Política Monetaria (TPM), utilizada como referencia para definir los intereses de los préstamos bancarios.
“Estamos ante un entorno complejo, con una inflación que se mantiene por debajo del límite inferior del rango meta del BCCR. Este comportamiento se da en un contexto de desaceleración económica evidente: menor creación de empleo, pérdida de dinamismo comercial y enfriamiento del crédito”, explicó Daniel Ortiz, economista de la firma Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa).
Para Ortiz, resulta poco coherente sostener una TPM elevada en medio de una economía que muestra signos claros de enfriamiento. La tasa se ha mantenido sin cambios desde octubre de 2024.
“Hay espacio para recortarla. Persistir con una tasa alta bajo estas condiciones puede terminar por frenar aún más la actividad productiva”, advirtió.
En la misma línea, Leiner Vargas, economista de la Universidad Nacional, considera que la baja inflación debe ser vista como una señal para flexibilizar la política monetaria.
“Esperaría que en la próxima sesión de la Junta Directiva del Banco Central se reconozcan las condiciones actuales y se proceda con un ajuste a la baja”, sostuvo.
Los economistas destacan que una rebaja en la TPM tendría efectos positivos inmediatos: estimularía el consumo de los hogares y dinamizaría la inversión empresarial. Además, contribuiría a acercar la inflación a la meta del 3% anual fijada por el Banco Central. Esta institución ha modificado en varias ocasiones la proyección para alcanzar dicho objetivo.
El último ajuste establece que la inflación se ubicaría dentro del rango de tolerancia, entre el 2% y el 4%, hacia el cuarto trimestre de 2025, específicamente en octubre.
Una baja en la TPM también beneficiaría a las familias costarricenses mediante tasas de interés más accesibles en los créditos. Sin embargo, ese efecto debe trasladarse efectivamente al mercado.
“Es clave que la reducción se refleje en menores tasas para consumidores y empresas.
De nada sirve una política más laxa si no se traduce en un mayor acceso al crédito y una reactivación real de la economía”, concluyó el economista Javier Adelfang.