
En una nota periodística reciente, fue anunciado que la Dirección de Aguas del Minae emprenderá “un proyecto en conjunto con el Servicio Geológico de los Estados Unidos” dirigido a “crear mapas e imágenes de alta resolución” con miras a “evaluar el estado y el potencial de las aguas subterráneas”, cuyo fin es “localizar acuíferos y zonas de recarga” que permita planificar el agua subterránea. En ese proyecto, además del Minae, participarán AyA, Minsalud, ICE, Senara, UCR, IMN e IGN, y tendrá un costo de $1,4 millones; iniciaría en julio de este año y finalizaría en septiembre de 2018.
El objetivo es revertir el desconocimiento existente sobre el potencial de este recurso, y crear planes técnicamente fundamentados respecto del uso del líquido, que derive además, según se consignó en la nota, en decisiones informadas, oportunas y eficientes sobre localización, concesión, perforación y explotación de pozos y en la definición de áreas territoriales en donde se puede o no edificar. Otros beneficios adicionales, agregamos, serían la reafirmación, delimitación y protección de áreas de recarga para regular el impacto antrópico, y evitar o amortiguar la contaminación por desechos urbanos, domésticos y agrícolas en su interior; la emisión fundada de cartas de Disponibilidad a los desarrolladores, por parte de los operadores comunales y de AyA, al saber estos, en especial los ubicados en la costa pacífica del país, la capacidad hídrica de los acuíferos, la dimensión de la intrusión salina en esas formaciones geológicas, y el grado en que estos depósitos están siendo utilizados para prever su explotación hacia el futuro. Igualmente, nos imaginamos, se podrá determinar la cantidad de los pozos ilegales, el grado de extracción realizada, y la dimensión en que, por medio de estos, se están drenando los acuíferos, en particular los de las zonas en las que se han suscitado enfrentamientos por el agua, como en Guanacaste, con vistas a registrarlos, regularlos y vigilar el cumplimiento de los requisitos de perforación de esas fuentes.
Además, serviría para desplegar una mayor proyección comunal de AyA, y ayudaría a perfilar una estrategia de largo plazo de manejo preventivo de conflictos, en virtud de que será posible construir balances hídricos de oferta y demanda que, al ser complementados con la evolución del consumo de los sectores del área que cubren los operadores comunales y AyA, se podrán tomar decisiones y acciones oficiales relativas a intervención, organización, inversión, diálogo eficaz, y apertura de espacios de discusión, deliberación y acuerdos mancomunados entre el operador vecinal, grupos demandantes de agua y AyA, que disuadan o atenúen protestas probables.
Cabe reiterar el gran papel que juega la información fidedigna; es imprescindible que ella esté libre de “obstáculos” innecesarios como los burocráticos per se o los que nacen de la presunción equivocada que enarbolan lamentablemente muchos profesionales de que “quien tiene la información tiene el poder”, que hagan difícil o desalienten su acceso. El director de Aguas del Minae, Sr. José Miguel Zeledón, abordó este problema en la nota aludida al decir que “hay mucha información sobre el tema, muy dispersa y alguna incluso escondida, por lo cual estamos tratando de reunir las voluntades de distintas instituciones”. Contrario sensu, si la información estuviera concentrada, abierta, completa y disponible para quien la necesite en el momento preciso, pienso que hasta tal vez no sería tan urgente haber solicitado la colaboración del Servicio Geológico de los Estados Unidos ni tan profunda la pretensión de sus alcances. Llama la atención que don José asevere que “alguna información… [es] escondida”. Sería importante conocer en cuál o cuáles instituciones, y concretamente en qué oficinas de éstas, de las referidas por él que integrarán el proyecto, pecan de ese “vicio”. La información que es “engavetada” en los escritorios o en las computadoras, y no se comparte, atenta contra el logro de los objetivos institucionales que ocupan de ella para ser eficaces.
Felicitaciones al Minae por tan acertada medida. Un país sin información fehaciente en un campo tan estratégico renuncia a su soberanía en un momento en que el desarrollo de la tecnología geológica, la escasez de agua en el mundo, su incesante búsqueda por las transnacionales, las instituciones financieras y naciones poderosas, hace que sea necesario elevar a política de Estado la protección de los acuíferos. La planificación del agua subterránea, por primera vez en la historia, será uno de esos derroteros.