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Un hombre condenado a muerte fue ejecutado el martes en el sureño estado de Florida, con lo que el número de ejecuciones en Estados Unidos llegó a 26 desde el inicio del año, el más alto en una década.
Michael Bell, de 54 años, fue ejecutado por inyección letal en la penitenciaria estatal de Raiford.
Bell había sido condenado a la pena capital por el asesinato en 1993 de Jimmy West, de 23 años, y el de Tamecka Smith, de 18, en Jacksonville.
Ocho reos condenados han sido ejecutados en Florida este año, y 26 en todo el país, el mayor número desde 2015, cuando hubo 28 ejecuciones. Otras nueve están programadas en lo que queda de 2025.
“El aumento de ejecuciones este año es resultado de las decisiones de algunos funcionarios electos en un pequeño número de estados”, explica un informe publicado la semana pasada por el observatorio especializado Death Penalty Information Center (DPIC).
Estas ejecuciones están “muy localizadas geográficamente”, con más de la mitad ocurridas en los estados de Florida, Texas y Carolina del Sur, indica el texto.
De las 26 ejecuciones de este año, 21 han sido por inyección letal. Otras tres por inhalación de nitrógeno, método usado por primera vez en el mundo en el estado de Alabama en 2024 y que expertos de la ONU comparan con una forma de “tortura”; otras dos por ejecución a tiros en Carolina del Sur.
La pena de muerte fue abolida en 23 de los 50 estados del país. En otros tres: California, Oregon y Pensilvania, hay una moratoria.