Arrecifes regenerativos devuelven la vida al fondo marino de Playa Blanca

El proyecto suma más de 75 estructuras submarinas y registra más de 60 especies de peces

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Bajo las aguas de Playa Blanca, en el Pacífico Central, la ciencia marina demuestra que recuperar el océano avanza con rapidez si se devuelven las condiciones adecuadas. Mediante una alianza iniciada en 2020 entre Punta Leona Beach Club y la Fundación MareBlu, se han sumergido más de 75 arrecifes artificiales para reanimar un ecosistema afectado por el calentamiento de las aguas, la contaminación y la sobrepesca.

El proyecto cuenta con el aval del SINAC, según la resolución SINAC-ACOPAC-D-RES-066-2025.

“Llevamos aproximadamente seis años desarrollando el proyecto en conjunto con Punta Leona, durante los cuales hemos observado una evolución positiva del ecosistema, especialmente en el aumento de la cantidad de peces y de la presencia de organismos que se establecen sobre las estructuras y contribuyen al desarrollo del ecosistema marino”, señaló Gerónimo Ciuti, director y fundador de MareBlu.

Playa Blanca alberga el único humedal marino del Pacífico Central declarado de interés nacional en 1994. Su posición recibe corrientes de mar abierto que limpian naturalmente las aguas del Golfo de Nicoya, convirtiéndolo en un sitio idóneo para restaurar corales que poblaron estas costas en el pasado.

Diseño de pH neutro y jardinería de coral

Las estructuras son módulos de concreto de 80 a 110 centímetros de altura, con forma de campanas o pequeños iglús con orificios. Antes de sumergirse, pasan por un lavado y curado que neutraliza su pH para no alterar el agua marina. A los cinco minutos de tocar fondo, diversas especies ya las ocupan como refugio.

Con las semanas, desarrollan una alfombra viva de microalgas llamada perifiton, que provee alimento continuo a los organismos colonizadores.

A esta base se incorpora la jardinería de coral, los cuales son fragmentos vivos que se manipulan con guantes en recipientes separados por especie y se adhieren a la cima de los domos usando cianoacrilato en su base inerte. Al quedar elevados, los corales crecen con rapidez y a salvo de los sedimentos y el barro que arrastran las lluvias.

“Tanta protección, pero resulta ser que para pegarlo en la piedra o ahora en el arrecife regenerativo se usa goma loca. Entonces, en la parte de abajo del coral es donde ellos van colocando el CO2 y van creando su caparazón, y como es material duro, ahí no hay vida, se pega con la goma y adentro del coral es que vive el animalito”, mencionó Boris Gordienko, presidente de Punta Leona Beach Club.

Foto: Cortesía

Un corredor biológico submarino

La iniciativa apunta a colocar 200 estructuras para conformar un corredor biológico submarino entre dos arrecifes naturales separados por un arenal. Este paso protegido permite a los peces cruzar sin temor a depredadores, fomentando el intercambio genético entre poblaciones.

El balance para 2026 arrojó un salto notable: la variedad de peces pasó de 6 a más de 60 especies, junto a 5.708 invertebrados. El pez más común es el jurel con 110 ejemplares, seguido del pargo con 87 y la señorita con 84.

Los domos son guarderías de alevines y sostienen a depredadores como el tiburón punta blanca, al tiempo que reducen la erosión costera al disipar el oleaje.

El área integra además el primer museo subacuático de Centroamérica con nueve esculturas, incluida una del cacique Garabito de casi cinco metros.

Foto: Cortesía

Amenazas y turismo regenerativo

El 80% y 90% del plástico marino llega arrastrado por ríos desde el Gran Área Metropolitana (GAM). A ello se suman la pesca de arrastre y el disturbio acústico de lanchas y motos acuáticas.

“Las lanchas, motos acuáticas y el disturbio acústico ponen en riesgo este ecosistema. Las vibraciones de motores asustan a los peces que están cuidando sus huevecillos y las anclas fracturan las estructuras”, indicó Ciuti.

La experiencia sirvió de base técnica para el Protocolo Nacional de Arrecifes Artificiales de Costa Rica, confirmando que regenerar el golfo es posible cuando se le devuelven los cimientos al lecho marino.

Foto: Cortesía