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La fabricación de armas mediante tecnología de impresión 3D irrumpe en Costa Rica como una amenaza emergente que transforma las dinámicas del tráfico de armamento y se convierte en una “moneda de cambio” para el narcotráfico.
La mayor amenaza radica en la facilidad para evadir los controles fronterizos. En lugar de trasladar armas completas, los grupos criminales importan únicamente pequeños componentes metálicos e imprimen localmente entre el 60% y el 70% del arma con polímeros.
A diferencia de las armas convencionales, que incorporan número de serie, modelo, marca y país de origen para facilitar su fiscalización, las piezas elaboradas con filamentos plásticos carecen de datos de identificación.
“Estas armas vienen a evadir todo lo que es la trazabilidad internacional, todos los controles los evaden, y esto quiere decir que las bandas criminales se están modernizando para tener un brazo armado fuerte para detectarlas”, dijo Nelson Barquero, viceministro de Seguridad.
Además de su uso operativo, las autoridades judiciales señalan que estas armas funcionan como mercancía para el intercambio directo entre organizaciones delictivas e incluso como medio de pago en transacciones de narcotráfico.
“Con el poder económico de los grupos criminales, es cuestión de tiempo para que en Costa Rica veamos una impresión 3D de metal. Hay que legislarlo ya de manera preventiva, no restrictiva, se tiene que regular quién vende, quién importa y quién compra este tipo de tecnología”, dijo Bryan Sandí, experto en armas.
Conocidas como “armas fantasma”, estas armas evaden los controles regionales e internacionales. Al ensamblarse pieza por pieza en talleres clandestinos, resulta difícil rastrear su origen o seguir su cadena de producción.
“Las bandas criminales se están modernizando y evadiendo controles, así ellos pueden tener el acceso a estas armas y tener un brazo armado fuerte en sus organizaciones criminales”, agregó Barquero.
A pesar de que las autoridades ya tienen identificada la problemática, esta tecnología se convierte en uno de los principales retos a nivel nacional.
Los expertos señalan que un mercado negro de este tipo, en el que las armas se intercambien por estupefacientes, podría permitir que grupos criminales más pequeños se defiendan de los cuerpos policiales.